Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
Frente a la pared
los testículos mudos,
el poeta perdido,
en cada puerto
un labio
de órbita piel,
el navegante,
el salpicadero,
la sal del poema,
la calcinación,
el estilo microfónico,
finalmente;
el invento
de las cosas degustadas.
Un puto héroe
de cartón y aserrín,
la hora del paracaídas,
(altazorito)
indiscreto mundillo,
los dedos hasta el fondo;
un espacio sideral
en la sabana.
Del temblor; la nada,
solo los ojos de la pastilla;
la ansiedad.
Voy ajustado siempre al suspiro,
medio infierno medio cielo,
la nata de la
deshuesadora
desintegración,
ella que retoza
con el miembro,
mutuos y míos y
de aquellas palomas
asustadas del perdón y
la radiografía de tu cuerpo.
los testículos mudos,
el poeta perdido,
en cada puerto
un labio
de órbita piel,
el navegante,
el salpicadero,
la sal del poema,
la calcinación,
el estilo microfónico,
finalmente;
el invento
de las cosas degustadas.
Un puto héroe
de cartón y aserrín,
la hora del paracaídas,
(altazorito)
indiscreto mundillo,
los dedos hasta el fondo;
un espacio sideral
en la sabana.
Del temblor; la nada,
solo los ojos de la pastilla;
la ansiedad.
Voy ajustado siempre al suspiro,
medio infierno medio cielo,
la nata de la
deshuesadora
desintegración,
ella que retoza
con el miembro,
mutuos y míos y
de aquellas palomas
asustadas del perdón y
la radiografía de tu cuerpo.
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