En el limbo de la gentileza
y el coqueteo de una mujer
me quedé pensando en sus sutilezas
muy receloso de mi intuición.
La parálisis volvió a aparecer
me sentí como un niño con temor.
Un inexperto que no sabe qué hacer
frente a una dama conocida.
Al otro día me fui de excursión
vi la magia de extrañas pueblerinas
los fantasmas no estaban en mi noción
sentí que nadie iba a detenerme.
Con una inyección de endorfinas
solté el cortejo vehemente
como una necesidad tan mía
de resolver todos mis complejos.
Pero el clímax no es para siempre
al volver al suburbio viejo
los estigmas se hacían hirientes
y era punzante la inmensa duda.
Pero ya no había dudas
Porque
Ya no había
Nada.
y el coqueteo de una mujer
me quedé pensando en sus sutilezas
muy receloso de mi intuición.
La parálisis volvió a aparecer
me sentí como un niño con temor.
Un inexperto que no sabe qué hacer
frente a una dama conocida.
Al otro día me fui de excursión
vi la magia de extrañas pueblerinas
los fantasmas no estaban en mi noción
sentí que nadie iba a detenerme.
Con una inyección de endorfinas
solté el cortejo vehemente
como una necesidad tan mía
de resolver todos mis complejos.
Pero el clímax no es para siempre
al volver al suburbio viejo
los estigmas se hacían hirientes
y era punzante la inmensa duda.
Pero ya no había dudas
Porque
Ya no había
Nada.