AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
Alucinaciones sin lunas…
Luego de razonar, cómo si fuera yo,
Siddharta Gautama, en su menesterosa inopia
de puericia; me confieso a titubeos qué hago,
para que sea mi cabeza, quien impugne y no el corazón,
para qué negarle los versos que nacieron para ella,
sí son de ella, si es su membrana, que me sentencia,
esas líricas y sazonadas alegorías de oro y miel…
Veo las calles sin ella, y veo mi desventurado corazón
enlagrimado, como madre de un redentor con su alma
destrozada, llena de espinas de fuegos y ardores,
de muerte y de insolación, que me mata, que me mata.
Y no entiendo, cómo negarle las rimas de mi alma;
si nacen de su mirada, de sus manos, de sus besos;
y me muero cuando no la siento y no la veo de verdad…
No creo que haya nacido aún el rapsoda que pueda
puntualizar este reconcomio de mi desheredado corazón.
Hay expiración y ansias a la vez, alucinaciones sin lunas,
dunas laberínticas que me allanan en la perdición,
ni siquiera Otelo, pudo transigir esta consternación,
que ya no es enfermedad humana, sino lamento
de un Dios, que olvido amparar su más fatuo raudal;
lo aclaman amor, enajenación, aberración, paradoja,
de un miocardio, irracional, que no sabe contar, ni leer,
y menos tener el verso apropiado para esa que se fue
y a quién hoy quiero negarle estos versos de oro y miel…
Augus 16 junio 2011.
Luego de razonar, cómo si fuera yo,
Siddharta Gautama, en su menesterosa inopia
de puericia; me confieso a titubeos qué hago,
para que sea mi cabeza, quien impugne y no el corazón,
para qué negarle los versos que nacieron para ella,
sí son de ella, si es su membrana, que me sentencia,
esas líricas y sazonadas alegorías de oro y miel…
Veo las calles sin ella, y veo mi desventurado corazón
enlagrimado, como madre de un redentor con su alma
destrozada, llena de espinas de fuegos y ardores,
de muerte y de insolación, que me mata, que me mata.
Y no entiendo, cómo negarle las rimas de mi alma;
si nacen de su mirada, de sus manos, de sus besos;
y me muero cuando no la siento y no la veo de verdad…
No creo que haya nacido aún el rapsoda que pueda
puntualizar este reconcomio de mi desheredado corazón.
Hay expiración y ansias a la vez, alucinaciones sin lunas,
dunas laberínticas que me allanan en la perdición,
ni siquiera Otelo, pudo transigir esta consternación,
que ya no es enfermedad humana, sino lamento
de un Dios, que olvido amparar su más fatuo raudal;
lo aclaman amor, enajenación, aberración, paradoja,
de un miocardio, irracional, que no sabe contar, ni leer,
y menos tener el verso apropiado para esa que se fue
y a quién hoy quiero negarle estos versos de oro y miel…
Augus 16 junio 2011.
Última edición: