ALZHEIMER
Me siento extraño,
miro a mi alrededor, veo cuatro paredes
que se van cerrando
hasta que me encierren.
Me diagnostican una enfermedad
tan corriente como dañina.
Mis seres queridos intentan ayudar
para que finalmente no acabe muerto aún en vida.
Pasa el tiempo, confundo las cosas,
mi mujer me pregunta que cómo me encuentro,
le digo que no se preocupe, le compro una rosas
para disimular mi cada vez mayor encierro.
Vivo atrapado en un recuerdo pasado,
escribo a mi mujer para conquistarle de nuevo,
no me doy cuenta que eres tú la que está a mi lado
y lo peor es que lo hago cada hora que no te veo.
Empiezo a olvidar,
no sé quién es mi hijo
cuando me viene a visitar
el no me oye pero su nombre grito.
Pues yo soy ese alma encerrada en un cuerpo vacío,
va pasando el tiempo y pierdo el control
porque ya estoy en estado vegetativo
las paredes empiezan a tocar mi esencia sin pudor.
Sueño que abrazo a mi mujer, a mi familia dolorida
que me levanto de la cama para caminar
veo sus rostros llorar al ver mi mirada vacía
sigo vivo a pesar de que mi cuerpo no lo diga.
Golpeo mi prisión con todo lo que puedo,
grito al mundo que por qué esto es tan duro
duele más ver los rostros de lo que quiero,
que saber que pronto abandonaré este mundo.
Lloro al ver que no puedo salir de aquí,
mi cuerpo no es más que una carga,
lo único que quiero es morir,
y a pesar de todo aún mi mujer a dormir me acompaña.
Es triste no poder abrazarla,
mis ojos son mis puertas al mundo
desde el cual yo puedo observarla,
ella no se da cuenta, pero me sigo acordando de ella mucho.
Es inútil, lo he intentado todo,
estas paredes no hay forma de romper
me siento en el suelo mientras lloro,
finalmente soy prisionero de mi propia piel.
De repente se abre una grieta
por la que entra algo de luz.
¿Me habré curado? ¿Qué me espera?
Me levanto y avanzando esperando que detrás estés tú.
Es triste, que no estuvieras tú.
Es triste, que sólo estuviera el vacío.
Es triste, que esté en el cielo azul.
Es triste, que sólo cuando morí, realmente me sentí vivo.
Me siento extraño,
miro a mi alrededor, veo cuatro paredes
que se van cerrando
hasta que me encierren.
Me diagnostican una enfermedad
tan corriente como dañina.
Mis seres queridos intentan ayudar
para que finalmente no acabe muerto aún en vida.
Pasa el tiempo, confundo las cosas,
mi mujer me pregunta que cómo me encuentro,
le digo que no se preocupe, le compro una rosas
para disimular mi cada vez mayor encierro.
Vivo atrapado en un recuerdo pasado,
escribo a mi mujer para conquistarle de nuevo,
no me doy cuenta que eres tú la que está a mi lado
y lo peor es que lo hago cada hora que no te veo.
Empiezo a olvidar,
no sé quién es mi hijo
cuando me viene a visitar
el no me oye pero su nombre grito.
Pues yo soy ese alma encerrada en un cuerpo vacío,
va pasando el tiempo y pierdo el control
porque ya estoy en estado vegetativo
las paredes empiezan a tocar mi esencia sin pudor.
Sueño que abrazo a mi mujer, a mi familia dolorida
que me levanto de la cama para caminar
veo sus rostros llorar al ver mi mirada vacía
sigo vivo a pesar de que mi cuerpo no lo diga.
Golpeo mi prisión con todo lo que puedo,
grito al mundo que por qué esto es tan duro
duele más ver los rostros de lo que quiero,
que saber que pronto abandonaré este mundo.
Lloro al ver que no puedo salir de aquí,
mi cuerpo no es más que una carga,
lo único que quiero es morir,
y a pesar de todo aún mi mujer a dormir me acompaña.
Es triste no poder abrazarla,
mis ojos son mis puertas al mundo
desde el cual yo puedo observarla,
ella no se da cuenta, pero me sigo acordando de ella mucho.
Es inútil, lo he intentado todo,
estas paredes no hay forma de romper
me siento en el suelo mientras lloro,
finalmente soy prisionero de mi propia piel.
De repente se abre una grieta
por la que entra algo de luz.
¿Me habré curado? ¿Qué me espera?
Me levanto y avanzando esperando que detrás estés tú.
Es triste, que no estuvieras tú.
Es triste, que sólo estuviera el vacío.
Es triste, que esté en el cielo azul.
Es triste, que sólo cuando morí, realmente me sentí vivo.