Byroniana
Poeta fiel al portal
Ámame sin tiempo
Ámame sin tiempo,
en la paciencia,
ámame en la locura,
en la inocencia,
ámame en la lujuria,
Ámame ahora..
Mis latidos arrástralos,
encadéname el cuerpo,
mi amor condénalo,
condiciona el sentimiento.
Tú solo ven,
calla y no pienses,
siénteme caer en tus ojos,
ven, bésame,
solo estremécete,
y que el cielo vuelque
locura por cada lágrima
de ternura inundada,
por cada suspiro
haciendo el amor,
por solamente tu mirada,
que arde y no me quema,
que sangra y no me mata.
¡ Siénteme y ama!
Ven, y enséñame la vida,
Maestro del pensamiento,
del horizonte
y del camino,
ven y hechízame
en tus ojos.
Maestro de mi discordia
y mi concordia, mi alma,
mi Luz y mi nueva agonía,
pecado de tus labios
que rezan en mi santidad,
que me imploran y me suplican,
que me advierten y me incitan,
pecado de besarte y
no querer vivir más,
porque en el beso
se tiene todo: la vida
en un segundo,
y la muerte
en un despertar.
Pecado de amarte
solo de una forma,
enamorándome
mientras conjugo la voz
a la eternidad.
Pecado
de temblar en los versos
sin saber como acabar,
si decirte que deliro,
sin saber como callar.
El último pecado,
el primero
Pecado
de arder,
amarte sin tiempo.
Ámame sin tiempo,
en la paciencia,
ámame en la locura,
en la inocencia,
ámame en la lujuria,
Ámame ahora..
Mis latidos arrástralos,
encadéname el cuerpo,
mi amor condénalo,
condiciona el sentimiento.
Tú solo ven,
calla y no pienses,
siénteme caer en tus ojos,
ven, bésame,
solo estremécete,
y que el cielo vuelque
locura por cada lágrima
de ternura inundada,
por cada suspiro
haciendo el amor,
por solamente tu mirada,
que arde y no me quema,
que sangra y no me mata.
¡ Siénteme y ama!
Ven, y enséñame la vida,
Maestro del pensamiento,
del horizonte
y del camino,
ven y hechízame
en tus ojos.
Maestro de mi discordia
y mi concordia, mi alma,
mi Luz y mi nueva agonía,
pecado de tus labios
que rezan en mi santidad,
que me imploran y me suplican,
que me advierten y me incitan,
pecado de besarte y
no querer vivir más,
porque en el beso
se tiene todo: la vida
en un segundo,
y la muerte
en un despertar.
Pecado de amarte
solo de una forma,
enamorándome
mientras conjugo la voz
a la eternidad.
Pecado
de temblar en los versos
sin saber como acabar,
si decirte que deliro,
sin saber como callar.
El último pecado,
el primero
Pecado
de arder,
amarte sin tiempo.