Amanece, la tibieza del día desplaza lentamente
tu tristeza, hacia la melancolía.
No es suave, el tránsito,
no hay camino para recorrerlo,
no hay aire, solo el vértigo
hacia el abismo blanco y rojo
de la amapola.
Eres grito, sí, eres grito, Sara,
de ti y de Yukel y del Libro,
tu grito es el lamento de un pueblo,
de un destino.
Nos inclinaremos ante ti,
escucharemos tu boca, de pie, sin huir los oídos.
Permaneceremos hasta la muerte,
en la actitud de escucha,
escribiendo, tal vez,
en un afán imposible de decir,
la palabra transparente de tu grito.
tu tristeza, hacia la melancolía.
No es suave, el tránsito,
no hay camino para recorrerlo,
no hay aire, solo el vértigo
hacia el abismo blanco y rojo
de la amapola.
Eres grito, sí, eres grito, Sara,
de ti y de Yukel y del Libro,
tu grito es el lamento de un pueblo,
de un destino.
Nos inclinaremos ante ti,
escucharemos tu boca, de pie, sin huir los oídos.
Permaneceremos hasta la muerte,
en la actitud de escucha,
escribiendo, tal vez,
en un afán imposible de decir,
la palabra transparente de tu grito.