Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amanece en un campo de amapolas
donde es normal el sonrojo de sus pieles,
abanicos de la luz dentro de un cierre
bocas deshaciéndose de la sombra
a dentelladas,
y es toda desnudez lo que ahora queda
alimento de los cuerpos que florecen,
silencio cuando se pinta el aire
de fragancias,
porque también la nada
ama
en su intangible esencia de profeta.
Amanece
en púrpuras, rojos y amarillos dorados,
notas cálidas
de esta mañana en ciernes
cumbres de un altar
que reposa en verde
todas las palabras
que rasgaron la noche.