Amaneciendo enero

Anamer

Poeta veterano en el portal
Equipo Revista "Eco y latido"
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Dedicado a un amigo
que se quedó en mi niñez.

Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano
jugábamos en el jardín,
el horizonte era la promesa,
la llegada a los sueños
que nos mantenían unidos.


La vida era un arco iris,
nubes de colores que se deshacían en la boca
entre risas el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo,
al cielo cabalgábamos en nuestros potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.


Era el tiempo de jugar, no había prisa,
el mundo nos giraba
nos miraba desde arriba
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.


Pero llegó el día de no ser,
tu risa se perdió
en lo absurdo de un momento
que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos,
ni de darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y te fuiste,
tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.
Ana Mercedes Villalobos
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Última edición:
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Dedicado a un amigo
que se quedó en mi niñez.

Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano, como dos enamorados
jugueteando en el jardín,
el horizonte era la promesa, la llegada
a los sueños que nos mantenían unidos.


La vida sabía a arco iris, nubes de
colores que se deshacían en la boca
entre risas, el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo, al cielo decíamos,
cabalgando potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.


Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.


Pero no pudo ser, te perdía en lo absurdo
de una vida que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos, ni de
darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y aunque nada podía separarnos,
te fuiste, tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.


Ana Mercedes Villalobos
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Hermoso y tierno. Un gusto leerte. Un abrazo.
 
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Dedicado a un amigo
que se quedó en mi niñez.

Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano, como dos enamorados
jugueteando en el jardín,
el horizonte era la promesa, la llegada
a los sueños que nos mantenían unidos.


La vida sabía a arco iris, nubes de
colores que se deshacían en la boca
entre risas, el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo, al cielo decíamos,
cabalgando potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.


Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.


Pero no pudo ser, te perdía en lo absurdo
de una vida que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos, ni de
darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y aunque nada podía separarnos,
te fuiste, tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.


Ana Mercedes Villalobos
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Con cierta nostalgia, bella Ana, van cayendo uno a uno los versos, hasta ese final que nos atrapa también, algunas veces las cosas bonitas de la vida terminan en un nostálgico pero bello recuerdo. Me dio gusto leerte y dejarte mi huellita, cariños,

ligiA
 
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Dedicado a un amigo
que se quedó en mi niñez.

Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano, como dos enamorados
jugueteando en el jardín,
el horizonte era la promesa, la llegada
a los sueños que nos mantenían unidos.


La vida sabía a arco iris, nubes de
colores que se deshacían en la boca
entre risas, el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo, al cielo decíamos,
cabalgando potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.


Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.


Pero no pudo ser, te perdía en lo absurdo
de una vida que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos, ni de
darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y aunque nada podía separarnos,
te fuiste, tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.


Ana Mercedes Villalobos
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Querida Anamer, Un recuerdo claroscuro, de muchas alegrías y de esa enorme pena que nos deja el ver partir a alguien que queremos. Hermoso, muy hermoso y emotivo poema nos dejas querida Anamer.

Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.

A veces a lo largo de nuestra existencia encontramos a seres que nos acompañan por un tiempo, la calidad de ese tiempo es lo que cuenta, para que se queden con nosotros para siempre.
Un fuerte abrazo Anamer y gracias por este hermoso y emotivo poema.
por tu huella.
con cariño
Isabel
 
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Dedicado a un amigo
que se quedó en mi niñez.

Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano, como dos enamorados
jugueteando en el jardín,
el horizonte era la promesa, la llegada
a los sueños que nos mantenían unidos.


La vida sabía a arco iris, nubes de
colores que se deshacían en la boca
entre risas, el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo, al cielo decíamos,
cabalgando potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.


Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.


Pero no pudo ser, te perdía en lo absurdo
de una vida que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos, ni de
darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y aunque nada podía separarnos,
te fuiste, tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.


Ana Mercedes Villalobos
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Momentos que parecen inacabables, y es que lo son a pesar del rumbo que toma la existencia y de la tristeza que eso produce. Qué bonito lo has reflejado, Anamer, y qué nostálgico.
Me ha encantado leerte, un abrazo,
Eva
 
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Dedicado a un amigo
que se quedó en mi niñez.

Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano, como dos enamorados
jugueteando en el jardín,
el horizonte era la promesa, la llegada
a los sueños que nos mantenían unidos.


La vida sabía a arco iris, nubes de
colores que se deshacían en la boca
entre risas, el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo, al cielo decíamos,
cabalgando potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.


Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.


Pero no pudo ser, te perdía en lo absurdo
de una vida que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos, ni de
darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y aunque nada podía separarnos,
te fuiste, tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.


Ana Mercedes Villalobos
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Nunca llega a olvidarse ese cariño primero, el enamoramiento que estrena nuestro corazón. Y deja un poso permanente, continuo, que guardamos como un tesoro al que volver de vez en cuando y verlo con mirada tierna e indulgente.
Un gran y hermoso poema, Ana. Un placer pasar por tus letras y disfrutar de tanta belleza. Un fuerte abrazo y besos en tus mejillas.
 
Con cierta nostalgia, bella Ana, van cayendo uno a uno los versos, hasta ese final que nos atrapa también, algunas veces las cosas bonitas de la vida terminan en un nostálgico pero bello recuerdo. Me dio gusto leerte y dejarte mi huellita, cariños,

ligiA

Cierto Ligia, desgraciadamente hay momentos en la vida que se hacen muy cortos, lo bueno es que trasciendan
en el sentimiento y el corazón. Te agradezco infinito tu compañía en estas letras que son muy apreciadas por mi,
por los recuerdos que despiertan en mi alma. Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
 
Querida Anamer, Un recuerdo claroscuro, de muchas alegrías y de esa enorme pena que nos deja el ver partir a alguien que queremos. Hermoso, muy hermoso y emotivo poema nos dejas querida Anamer.

Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.

A veces a lo largo de nuestra existencia encontramos a seres que nos acompañan por un tiempo, la calidad de ese tiempo es lo que cuenta, para que se queden con nosotros para siempre.
Un fuerte abrazo Anamer y gracias por este hermoso y emotivo poema.
por tu huella.
con cariño
Isabel

Gracias a ustedes por tanta calidez que van dejando en el foro, ciertamente hay personas que aunque solo
duren muy poco en nuestras vidas, nos aportan mucho y eso es lo que debemos valorar siempre. Un lujo
disfrutar de tu compañía en mis letras. Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
 
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Dedicado a un amigo
que se quedó en mi niñez.

Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano, como dos enamorados
jugueteando en el jardín,
el horizonte era la promesa, la llegada
a los sueños que nos mantenían unidos.


La vida sabía a arco iris, nubes de
colores que se deshacían en la boca
entre risas, el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo, al cielo decíamos,
cabalgando potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.


Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.


Pero no pudo ser, te perdía en lo absurdo
de una vida que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos, ni de
darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y aunque nada podía separarnos,
te fuiste, tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.


Ana Mercedes Villalobos
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Así lo quiso el Cielo mi querida Anamer, la vida es la antesala de una vida mayor, tal vez libre de limitaciones y donde se puede vivir de manera inmaterial, me ha llegado al alma la historia en verso de tu querido amigo, allí donde esté, en ese plano intangible, allí le llegará este delicado y sensible poema que con tanto lirismo y belleza le has dedicado.
Besos, querida amiga, llenos de admiración y de cariño....muáááacksssss
 
Momentos que parecen inacabables, y es que lo son a pesar del rumbo que toma la existencia y de la tristeza que eso produce. Qué bonito lo has reflejado, Anamer, y qué nostálgico.
Me ha encantado leerte, un abrazo,
Eva

Muchas gracias mi querida amiga, es duro pensar que la vida nos juegue esas malas
pasadas, pero eso es lo que hay. Gracias por llegar hasta mis letras y dejarme tu
cálido comentario. Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
 
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Dedicado a un amigo
que se quedó en mi niñez.

Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano, como dos enamorados
jugueteando en el jardín,
el horizonte era la promesa, la llegada
a los sueños que nos mantenían unidos.


La vida sabía a arco iris, nubes de
colores que se deshacían en la boca
entre risas, el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo, al cielo decíamos,
cabalgando potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.


Era el tiempo de jugar, no había prisa,
la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.


Pero no pudo ser, te perdía en lo absurdo
de una vida que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos, ni de
darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y aunque nada podía separarnos,
te fuiste, tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.


Ana Mercedes Villalobos
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Hay poemas para comentar, y poemas que son para sentir y brindar empatía a quien los comparte.
Existen seres que de tan especiales, con el tiempo que transcurre se convierten en ángeles amados y jamás se van del corazón.
Hermoso homenaje, bello como todos tus escritos.
Un abrazo.
 
ANAMER buenas noches. Leyendo tu bello poema, me recuerda que este año, nos reunimos cuarenta de nuestro curso de colegio de primer grado de bachillerato. Habían pasado cuarenta y cinco años que nos habíamos alejado, y hoy, madres y abuelas, canosas y con arrugas pero, con una cara de felicidad haber compartido un día, de recordar lo que fuimos, niñas de falditas de cuadros y medias blancas y trenzas o colas. Sin duda, recordar aquellos amigos que fueron tan cercanos a nuestros afectos, nos da hálitos de vida y ganas y fuerzas para seguir adelante. Gracias señora por su hacer literario.
 

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