Oh, amantes.
Nunca dejéis que florezca en vuestro jardín
el recuerdo doloroso de las ecuaciones de segundo grado
que nunca supisteis resolver.
Rompiendo la armonía de las perfectas parábolas
que dibujan los chorrillos del agua
vuestros besos son perímetros que albergan todo el odio
que algún día sentireis.
Ahora, sentados junto a la fuente
arrullados por su canto, tomados de las manos
es arrobo y complacencia lo que cantan vuestras miradas
sois humo de incensario.
Ya habeis guardado en el recóndito armario
la hoja de magnolio en la que escribisteis el testamento de la pasión que os azuza.
Cuando la volváis a mirar sólo será ya ceniza
polvo gris metáfora de la hoguera de vuestra pasión apagada.
Salid pronto a la noche que se acerca
El parque es una amenaza que aumenta con las sombras de los árboles asesinos
los ruidos de las avenidas rompen el idilio
y os recuerdan vuestra condición de humanos, oh, ángeles inocentes.
Salid pronto y buscad el acomodo de una maison meublé
a ser posible en las cercanías del metro.
Tú, hombre, iniciarás el cortejo con alguna canción antigua
Tú, núbil ramera, acompañarás los sonoros efluvios con grititos de pasión.
Qué dulce son los juegos previos del amor
Qué bellos y tiernos dibujos las caricias de las manos en la espalda
o mirando distraídos los obscenos calendarios que cuelgan de la pared.
Y sin embargo la madame no dejará por eso de cobraros el alquiler de la pieza.
Lloro por vosotros, amantes que todavía sois pasión sobre la carne
Lloro por vosotros, última generación de corazones que latirán al unísono
Mañana, como en cualquier fábrica, seréis cambiados por robots.
Un espeso algoritmo exponencial sustituirá vuestras almas.
Y entonces ya no tendrán sentido los parques
ni los árboles asesinos
ni siquiera los amantes.
Ilust.: Max Ernst.- “Una semana de bondad.” Grabado
Nunca dejéis que florezca en vuestro jardín
el recuerdo doloroso de las ecuaciones de segundo grado
que nunca supisteis resolver.
Rompiendo la armonía de las perfectas parábolas
que dibujan los chorrillos del agua
vuestros besos son perímetros que albergan todo el odio
que algún día sentireis.
Ahora, sentados junto a la fuente
arrullados por su canto, tomados de las manos
es arrobo y complacencia lo que cantan vuestras miradas
sois humo de incensario.
Ya habeis guardado en el recóndito armario
la hoja de magnolio en la que escribisteis el testamento de la pasión que os azuza.
Cuando la volváis a mirar sólo será ya ceniza
polvo gris metáfora de la hoguera de vuestra pasión apagada.
Salid pronto a la noche que se acerca
El parque es una amenaza que aumenta con las sombras de los árboles asesinos
los ruidos de las avenidas rompen el idilio
y os recuerdan vuestra condición de humanos, oh, ángeles inocentes.
Salid pronto y buscad el acomodo de una maison meublé
a ser posible en las cercanías del metro.
Tú, hombre, iniciarás el cortejo con alguna canción antigua
Tú, núbil ramera, acompañarás los sonoros efluvios con grititos de pasión.
Qué dulce son los juegos previos del amor
Qué bellos y tiernos dibujos las caricias de las manos en la espalda
o mirando distraídos los obscenos calendarios que cuelgan de la pared.
Y sin embargo la madame no dejará por eso de cobraros el alquiler de la pieza.
Lloro por vosotros, amantes que todavía sois pasión sobre la carne
Lloro por vosotros, última generación de corazones que latirán al unísono
Mañana, como en cualquier fábrica, seréis cambiados por robots.
Un espeso algoritmo exponencial sustituirá vuestras almas.
Y entonces ya no tendrán sentido los parques
ni los árboles asesinos
ni siquiera los amantes.
Ilust.: Max Ernst.- “Una semana de bondad.” Grabado
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