Sorciere
Poeta recién llegado
Amantes enemigos
Ante las cúpulas de óbito santo
yace el grácil morisco en reyerta;
pese a que su voz aún es canto
de su cuerpo el alma ya deserta
Mudéjar aterciopelado, nómada
que en guerra vestiste la medalla
y el mandoble blandiste en cólera
para silenciar a quien Dios no calla
Mercante de ámbares, tuyo no es
lo que a yangüeses es el frío delito
¿qué harías emancipando, tan soez,
las tierras en las que fuimos delirio?
Te he ahí, impertérrito a la deriva
en una ribera de nácar tornasolado;
pero te vuelves un tifón que derriba
tanto fuego como hálito a su lado
Yo, cruzando el surco con mi estoque,
espero desnudo la travesura engañosa
sin miedo ni nudos, pensando en lo que
separó un conflicto de mano mañosa
El sol apresurado, entibia el cariñoso odio,
frente a frente somos ebúrneo contra dorado,
nos escrutamos impeliendo al sutil incordio
y desenfundamos las hojas del enamorado
Ante las cúpulas de óbito santo
yace el grácil morisco en reyerta;
pese a que su voz aún es canto
de su cuerpo el alma ya deserta
Mudéjar aterciopelado, nómada
que en guerra vestiste la medalla
y el mandoble blandiste en cólera
para silenciar a quien Dios no calla
Mercante de ámbares, tuyo no es
lo que a yangüeses es el frío delito
¿qué harías emancipando, tan soez,
las tierras en las que fuimos delirio?
Te he ahí, impertérrito a la deriva
en una ribera de nácar tornasolado;
pero te vuelves un tifón que derriba
tanto fuego como hálito a su lado
Yo, cruzando el surco con mi estoque,
espero desnudo la travesura engañosa
sin miedo ni nudos, pensando en lo que
separó un conflicto de mano mañosa
El sol apresurado, entibia el cariñoso odio,
frente a frente somos ebúrneo contra dorado,
nos escrutamos impeliendo al sutil incordio
y desenfundamos las hojas del enamorado