Se preguntaban;
Caídos de dicha
Sufrientes de espera
En qué hora esa lana purísima
Llegaría, ladina, a sus almas.
Se interrogaban, sostenidos
Por un sutil viento
De dónde saldría esa lengua mordiente
Que les manchaba de rojo
El cielo de la boca.
Diriase, que solo esperaban,
Mientras un gozo gris
Yacía en las palmas de sus manos;
Socavando el infinito
De dos jirafas, emergidas de entre las estrellas.
Sabed que yacían inertes
Cual notas decadentes
Sollozando de ansia
Justificando su inmovilidad de dos lápices sin punta.
Pero la eternidad les quedaba floja
En sus corazones de espuma.
Una flor de mercurio, traspasó sus gargantas
Y en un segundo inmenso
De dolor silencioso
Una enorme boca
Provocó suspiros permanentes.
¡Quién diría, espiándolos con asombro!
Que volaron, cuajados de olvidos
Hacía una tierra de cielo y mar
Misteriosamente unidos
Estallando de vida, en un solo corazón
Para volver de nuevo a ser
Las dos mitades de un mismo amor.
Caídos de dicha
Sufrientes de espera
En qué hora esa lana purísima
Llegaría, ladina, a sus almas.
Se interrogaban, sostenidos
Por un sutil viento
De dónde saldría esa lengua mordiente
Que les manchaba de rojo
El cielo de la boca.
Diriase, que solo esperaban,
Mientras un gozo gris
Yacía en las palmas de sus manos;
Socavando el infinito
De dos jirafas, emergidas de entre las estrellas.
Sabed que yacían inertes
Cual notas decadentes
Sollozando de ansia
Justificando su inmovilidad de dos lápices sin punta.
Pero la eternidad les quedaba floja
En sus corazones de espuma.
Una flor de mercurio, traspasó sus gargantas
Y en un segundo inmenso
De dolor silencioso
Una enorme boca
Provocó suspiros permanentes.
¡Quién diría, espiándolos con asombro!
Que volaron, cuajados de olvidos
Hacía una tierra de cielo y mar
Misteriosamente unidos
Estallando de vida, en un solo corazón
Para volver de nuevo a ser
Las dos mitades de un mismo amor.
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