Brumas_007
Poeta recién llegado
Te veo nacer, cómo de costumbre, entre los verdes campos de primavera.
Naces con la fresca mañana que te alimenta de agua limpia y lava la cara de tus pétalos sonrosados. El Sol te alimenta, dando calor a la tierna raíz que te sujeta.
El sustrato, del suelo que te acoge, retiene tus impulsos de volar cómo cometa. Y lloras amapola, cómo llora la triste soledad que te contempla.
No eres de nadie y de todos eres compañera. Amapola que recita su canto entregada a la tristeza, de saber que hoy naces joven y muy pronto serás añeja.
Pero antes de que venga tu ocaso, amapola compañera, podré disfrutar de tu talle, asombro de trianera, de tu escultural dulzura, distante y hechicera, de tu rojo beso con sabor de luna llena.
Antes de que te llegue la muerte, llevaras la luz dando color a esta sempiterna vereda, camino de tantos pasos, por la cansada ribera.
De tanto en tanto, amapola del suspiro, tu que reinas por un día, arrojada de los trigales verdes por el humano inconsciente, tu que naces a diario alimentando todas la flores de primavera, tu que naciste blanca, y roja miras al cielo, préstame una caricia para que yo te cante y pueda ser tu consuelo.
Brumas.
Naces con la fresca mañana que te alimenta de agua limpia y lava la cara de tus pétalos sonrosados. El Sol te alimenta, dando calor a la tierna raíz que te sujeta.
El sustrato, del suelo que te acoge, retiene tus impulsos de volar cómo cometa. Y lloras amapola, cómo llora la triste soledad que te contempla.
No eres de nadie y de todos eres compañera. Amapola que recita su canto entregada a la tristeza, de saber que hoy naces joven y muy pronto serás añeja.
Pero antes de que venga tu ocaso, amapola compañera, podré disfrutar de tu talle, asombro de trianera, de tu escultural dulzura, distante y hechicera, de tu rojo beso con sabor de luna llena.
Antes de que te llegue la muerte, llevaras la luz dando color a esta sempiterna vereda, camino de tantos pasos, por la cansada ribera.
De tanto en tanto, amapola del suspiro, tu que reinas por un día, arrojada de los trigales verdes por el humano inconsciente, tu que naces a diario alimentando todas la flores de primavera, tu que naciste blanca, y roja miras al cielo, préstame una caricia para que yo te cante y pueda ser tu consuelo.
Brumas.