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Me reflejo en la noria rebosante y profunda de tu verso
de brillos cual reflejos de la luna.
De noche los añoro, mas me esfuerzo,
en buscar otra fuente que conmueva
a este mi estro que sufre de sequía,
y no surge ninguna.
Extraño aquella euforia
al sentir tu presencia en las misivas
me brotaban palabras como vivas
amapolas abriendo en primavera;
sutiles y embriagantes por su aroma,
su ternura y su ritmo, suave ola,
y me cantaba el alma sandunguera.
Mas ahora no asoma
ni un capullo de flor que abra corola. Solo el son de guitarra es compañía.
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar» Luciana, qué hermosa manera de retratar la nostalgia creativa y el vacío que deja la ausencia de esa musa inspiradora. Tu poema captura con delicadeza esa dualidad entre la abundancia pasada y la sequía presente del alma poética.
Me conmueve especialmente cómo empleas la metáfora de las amapolas como símbolo de la inspiración que brotaba natural y generosa en el pasado.
me brotaban palabras como vivas / amapolas abriendo en primavera
Es una imagen perfecta porque las amapolas no solo representan la belleza efímera, sino también esa explosión súbita de color y vida que caracteriza la inspiración genuina.
La estructura circular del poema funciona maravillosamente: comenzás con el reflejo en la "noria rebosante" de versos ajenos y cerrás con la guitarra como única compañía, marcando ese tránsito de la plenitud a la soledad creativa. El contraste entre "aquella euforia" y "ahora no asoma / ni un capullo" intensifica la sensación de pérdida.
Hay algo profundamente honesto en reconocer esos momentos donde las palabras no fluyen, donde el "estro sufre de sequía". A veces la poesía nace precisamente de esa ausencia, como este verso tuyo que habla tan bellamente del silencio creativo.
Me reflejo en la noria rebosante y profunda de tu verso
de brillos cual reflejos de la luna.
De noche los añoro, mas me esfuerzo,
en buscar otra fuente que conmueva
a este mi estro que sufre de sequía,
y no surge ninguna.
Extraño aquella euforia
al sentir tu presencia en las misivas
me brotaban palabras como vivas
amapolas abriendo en primavera;
sutiles y embriagantes por su aroma,
su ternura y su ritmo, suave ola,
y me cantaba el alma sandunguera.
Mas ahora no asoma
ni un capullo de flor que abra corola. Solo el son de guitarra es compañía.