Mary Wollstonecraft, Shelly, fue una escritora dramaturga, reconocida principalmente por ser la autora de la novela gótica Frankenstein.
Amar en la soledad y el misterio;
conseguir eso que nunca podrá ser mío;
contemplar el terrible bostezo de un abismo
entre mi ser y mi elegido santuario,
derrochar —ser yo misma mi esclava—
¿Cuál será la cosecha de la semilla que di?
El amor responde con una querida y sutil astucia;
porque él, encarnado, viene con tan dulce disfraz,
que usando el arma de una sonrisa,
y mirándome con ojos de ardiente calma,
no puedo resistir el más intenso deseo:
a su adoración dedicarle mi alma.
“No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas."
https://www.machadolibros.com/libro/poemas_605969
Tremenda la vida y obra de Mary, con una cadenas de pérdidas personales, económicas y hasta morales, sin embargo, labró un extenso camino en la literatura de su tiempo....Nada menos que la autora de Frankenstein y la conmoción que causó en el contexto de la inmortalidad y las consecuencias que este acto de horror implicaba.
Un gran acierto querida Isabel traerla al Foro.
Gracias por el importante aporte a este espacio.
Un gran abrazo!!!
Camelia
Me permito traer un poema que fue escrito en el octavo aniversario de la muerte de su esposo Percy Shelley, según lo que encontré en su biografía, [En 1822, poco antes de cumplir los 30 años, se ahogó tras el naufragio de su velero, el Don Juan, nombre que a su vez homenajeaba al clásico de Lord Byron. De hecho, cuando el cuerpo fue recuperado, el propio Lord Byron ordenó su cremación en la playa, no sin antes extraer su corazón para ser entregado a Mary Shelley. Las cenizas del poeta luego fueron trasladadas y enterradas en un cementerio de Roma, pero su corazón fue guardado celosamente por Mary Shelley durante el resto de su vida.] [El Espejo Gótico]
Ausencia.
Absence, Mary Shelley (1797-1851)
Ah, él se ha ido, y yo estoy sola;
¡Qué oscuro y lúgubre parece el momento!
Así es, cuando el alegre sol flota en el viento,
la noche se precipita sobre el clima oriental.
¿No hay una estrella que alumbre la noche,
un suave crepúsculo que acaso calme mi pecho?
Sí, la memoria arroja su mágica luz,
agradable como el occidente dorado del cielo.
Y la esperanza del amanecer —¡Oh! más brillante
que las nubes que arden en el Este;
más bienvenido que la estrella de la mañana,
es el querido pensamiento—: ¡él regresará!