Sentado una mañana con mi corazón destrozado,
lo miraba y pensaba: "¿Qué le habrá pasado?"
Yo quería, yo podía pero no debía,
imaginar momentos en los que ella me amaría.
Ese amor ya parecía ajeno,
mi corazón no bombeaba sangre, bombeaba veneno,
No quería, no debía, caer en la desolación,
pero parecía que ya no había otra elección.
Por suerte para mí, no todo estaba perdido,
pues otras quince mujeres cumplieron su cometido.
Convirtieron el veneno en llamas radiantes,
de las que no quise salir ni un instante.
Una de ellas, dulce y coqueta.
Fue la que tuvo la mejor receta.
Sesenta días duro su contención,
hasta que aquellos recuerdos hicieron aparición.
Pensaba en ella y en si lo lograría.
Yo quería, yo debía, pero no podía.
Aquel día ya todo estaba acabado,
si no hubiera sido por un hermoso enunciado.
Fue entonces que tuve oportunidad.
De cumplir mi sueño con brevedad.
Yo podía, yo quería, pero aún no debía.
Y fue entonces que desapareció la alegría.
Un amigo la había conquistado,
y yo le negué todo lo que había pasado.
Pues que mejor para deshacerme de ella,
el saber que vivía una vida bella.
Y hoy aquí me encuentro acostado,
con todo el corazón abollado.
Yo querría, pero no podría ni debería,
así que sí, continuaré mi agonía...
lo miraba y pensaba: "¿Qué le habrá pasado?"
Yo quería, yo podía pero no debía,
imaginar momentos en los que ella me amaría.
Ese amor ya parecía ajeno,
mi corazón no bombeaba sangre, bombeaba veneno,
No quería, no debía, caer en la desolación,
pero parecía que ya no había otra elección.
Por suerte para mí, no todo estaba perdido,
pues otras quince mujeres cumplieron su cometido.
Convirtieron el veneno en llamas radiantes,
de las que no quise salir ni un instante.
Una de ellas, dulce y coqueta.
Fue la que tuvo la mejor receta.
Sesenta días duro su contención,
hasta que aquellos recuerdos hicieron aparición.
Pensaba en ella y en si lo lograría.
Yo quería, yo debía, pero no podía.
Aquel día ya todo estaba acabado,
si no hubiera sido por un hermoso enunciado.
Fue entonces que tuve oportunidad.
De cumplir mi sueño con brevedad.
Yo podía, yo quería, pero aún no debía.
Y fue entonces que desapareció la alegría.
Un amigo la había conquistado,
y yo le negué todo lo que había pasado.
Pues que mejor para deshacerme de ella,
el saber que vivía una vida bella.
Y hoy aquí me encuentro acostado,
con todo el corazón abollado.
Yo querría, pero no podría ni debería,
así que sí, continuaré mi agonía...