ROBERTO CARLOS GARCIA
Poeta recién llegado
Amarga melodía de la perpetuidad
Termino, el tiempo acabo, una noche tan larga
Y el amor que se redujo al espacio de una canción
Tan fugas que no hay perfume sobre las sábanas
Ni sobre mi cuerpo, sólo colillas en el cenicero
Tu rostro tan frío como tus pies
La calma de la noche socavo el cuarto
Tan tenazmente
Que ya no puedo oír tu voz
Silban; pájaros, amarga melodía de la perpetuidad
La huida infinita del tiempo, pasado, presente y futuro
Lumbre de un suspiro, tu voz sin lengua dilapida,
Esbozo errante, tu peregrinar se desvanece
Presa de ti misma
Desde un rincón te observo, junto a la vieja ventana
espero tu alba y marchitas las violetas
en mis manos lloran al sol que lejos está de divisarse
y no hay caricias que profanen tu descanso
despierta niña mía que la primavera nos espera
en nuestros corazones y el día no vendrá
sino hasta que tus ojos estén abiertos
despierta mi niña que la helada no se irá
y sino tú, quien dará migajas a aquellos gorriones
despierta mi niña,
no me atrevo a sacudir tu pálido cuerpo
despierta que aquí estoy, luego podremos descansar
en nuestra humilde cama
despierta, que no besen tu frente,
que no caigan lágrimas ajenas sobre tus mejillas
no dejes que te encarcelen entre paredes de roble
despierta mi niña, despierta
no verán tus ojos otro amanecer, tu voz será un secreto
que sólo yo podré oír ahora, pero tendrás
mil amaneceres que darán envidia a otras almas,
cantarás con la misma ternura una y mil beses nuestra canción
hasta que yo pueda acompañarte
me voy mi niña, mañana, mañana llevaré nuestra casa
a donde estaás ahora, construiré un balcón
con el pico del hornero para cuando quieras asomarte
llevaré el sauce y los gorriones estarán con vos
pondré una cerca, plantaré violetas
para la próxima primavera
haré mi cama junto a la tuya
y me echaré a dormir tu sueño
Termino, el tiempo acabo, una noche tan larga
Y el amor que se redujo al espacio de una canción
Tan fugas que no hay perfume sobre las sábanas
Ni sobre mi cuerpo, sólo colillas en el cenicero
Tu rostro tan frío como tus pies
La calma de la noche socavo el cuarto
Tan tenazmente
Que ya no puedo oír tu voz
Silban; pájaros, amarga melodía de la perpetuidad
La huida infinita del tiempo, pasado, presente y futuro
Lumbre de un suspiro, tu voz sin lengua dilapida,
Esbozo errante, tu peregrinar se desvanece
Presa de ti misma
Desde un rincón te observo, junto a la vieja ventana
espero tu alba y marchitas las violetas
en mis manos lloran al sol que lejos está de divisarse
y no hay caricias que profanen tu descanso
despierta niña mía que la primavera nos espera
en nuestros corazones y el día no vendrá
sino hasta que tus ojos estén abiertos
despierta mi niña que la helada no se irá
y sino tú, quien dará migajas a aquellos gorriones
despierta mi niña,
no me atrevo a sacudir tu pálido cuerpo
despierta que aquí estoy, luego podremos descansar
en nuestra humilde cama
despierta, que no besen tu frente,
que no caigan lágrimas ajenas sobre tus mejillas
no dejes que te encarcelen entre paredes de roble
despierta mi niña, despierta
no verán tus ojos otro amanecer, tu voz será un secreto
que sólo yo podré oír ahora, pero tendrás
mil amaneceres que darán envidia a otras almas,
cantarás con la misma ternura una y mil beses nuestra canción
hasta que yo pueda acompañarte
me voy mi niña, mañana, mañana llevaré nuestra casa
a donde estaás ahora, construiré un balcón
con el pico del hornero para cuando quieras asomarte
llevaré el sauce y los gorriones estarán con vos
pondré una cerca, plantaré violetas
para la próxima primavera
haré mi cama junto a la tuya
y me echaré a dormir tu sueño