ariser
Poeta recién llegado
Cierto día regresa el dolor,
trayendo consigo espinas y cielos sin aire,
silencios y amargas salinas
que confieren al rostro su aspecto fúnebre.
Los verdores casi siempre rosados
se vuelven de arena oscura.
Nada subyace a la escarcha de un invierno inamovible.
El de la angustia
es un minuto enteramente violeta.
Sucede entonces que un dedo putrefacto
escarba la carne expuesta,
mientras se oye el chiflido de tu ego desinflándose.
Cierto día se llega al mar
y el río se ahoga en su espesura.
Sergio Ariel Ibarra Vega
trayendo consigo espinas y cielos sin aire,
silencios y amargas salinas
que confieren al rostro su aspecto fúnebre.
Los verdores casi siempre rosados
se vuelven de arena oscura.
Nada subyace a la escarcha de un invierno inamovible.
El de la angustia
es un minuto enteramente violeta.
Sucede entonces que un dedo putrefacto
escarba la carne expuesta,
mientras se oye el chiflido de tu ego desinflándose.
Cierto día se llega al mar
y el río se ahoga en su espesura.
Sergio Ariel Ibarra Vega
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