autorJohn William Waterhouse, 1888
Amor que brotó tras largo barbecho,
la noche y el alba su tiempo han unido
y dulces venturas sin serlo lo han sido,
sinuoso el deseo tornose en un hecho.
Envidia de dioses que están al acecho,
el cielo parece haberse agraviado,
perdiose tu aliento...¿a dónde mi amado?
un llanto angustioso ahoga mi pecho
Concédeme cielo estoico valor
que temple esta angustia, que vivo muriendo,
inmensa locura querer no queriendo;
el viento susurra:¡jamás hubo amor!
soñabas despierta, ¡contempla tu error!-
¡oh sauces qué poco sabéis de quebrantos!
¡oh río!no hay cauce que abrace mis llantos!
Arrastra ese río amargo dolor.
Archivos adjuntos
Última edición: