BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Roída reciedumbre
corpulencia bastarda
inane consecución, ideas
amalgamadas, precisas
líneas que devoran un mármol
futuro, invernal, deseosas
formas que abastecen
el césped inevitable.
Orgullo detenido
la sangre que se altera
pernoctando en cavernas
cavidades austeras, sufren
las esquinas de un amor deteriorado.
Sufren los rigores
las hojas desteñidas de las banderas.
Ave impenetrable, constelación dañada,
pradera insuficiente, de alas vengativas
y cortadas, la sección desnuda, el ámbito
consecuente: miradas procedimientos,
cubren los líquenes la pintura de la ausencia.
La voz que se escurre y tiembla,
buscando la anguila de los atardeceres,
momias, putrefactos cadáveres, incinerados
músculos, sombrías aceptaciones
de cara a la pared. El vértigo
se llena de contenido. Ídolos
advertidos, secuencias de oro puro,
derraman su esperma sobre troncos delgados.
En la broza y en la espuma
en los trozos de hiel que asombran a las parturientas,
en los bocados de mierda que perfuman los dientes,
en los vocablos anónimos sustraídos a indigentes,
en lo que esconde un hálito de rencor.
En lo deteriorado y en lo viejo
en lo nuevo y en lo bruñido bajo un sol de septiembre,
sí, cantas y me conmueves, buscas sobre mi camisa
el hilo candente, la oración funesta.
Yo, tranquilo, ando hacia lo remoto
como quien olvida, como quien tiene celos,
y como quien traga un violín austero.
Me estremecen algunos gritos baladís
sombras de perfumes en la ignorancia de la noche,
un cuerpo que busca su esencia dispersa,
algo que penetra la boca y la hace líquida
apenas la amargura desterrada.
©
corpulencia bastarda
inane consecución, ideas
amalgamadas, precisas
líneas que devoran un mármol
futuro, invernal, deseosas
formas que abastecen
el césped inevitable.
Orgullo detenido
la sangre que se altera
pernoctando en cavernas
cavidades austeras, sufren
las esquinas de un amor deteriorado.
Sufren los rigores
las hojas desteñidas de las banderas.
Ave impenetrable, constelación dañada,
pradera insuficiente, de alas vengativas
y cortadas, la sección desnuda, el ámbito
consecuente: miradas procedimientos,
cubren los líquenes la pintura de la ausencia.
La voz que se escurre y tiembla,
buscando la anguila de los atardeceres,
momias, putrefactos cadáveres, incinerados
músculos, sombrías aceptaciones
de cara a la pared. El vértigo
se llena de contenido. Ídolos
advertidos, secuencias de oro puro,
derraman su esperma sobre troncos delgados.
En la broza y en la espuma
en los trozos de hiel que asombran a las parturientas,
en los bocados de mierda que perfuman los dientes,
en los vocablos anónimos sustraídos a indigentes,
en lo que esconde un hálito de rencor.
En lo deteriorado y en lo viejo
en lo nuevo y en lo bruñido bajo un sol de septiembre,
sí, cantas y me conmueves, buscas sobre mi camisa
el hilo candente, la oración funesta.
Yo, tranquilo, ando hacia lo remoto
como quien olvida, como quien tiene celos,
y como quien traga un violín austero.
Me estremecen algunos gritos baladís
sombras de perfumes en la ignorancia de la noche,
un cuerpo que busca su esencia dispersa,
algo que penetra la boca y la hace líquida
apenas la amargura desterrada.
©