Bravo Coronado
Poeta recién llegado
Suavemente descorro la bruma
de tu ventana desnuda,
y reverbera inmaculada
tu espalda en flor;
suave y rotunda
como pulida por los vientos,
naturaleza de mujer,
desenvuelta belleza
entre las sábanas del éxtasis,
como un ave que apareciera
entre las nubes de la alborada,
y cayera extenuada
en mis manos libre del dolor.
Pequeño horizonte encendido
en la noche absoluta de las desesperaciones.
Recuerdas apelativos de rosas, cielos,
ciertos vientos, de aves en liberación.
Tu corazón padece, pero despierta a cada estación;
y florece, en cada suspiro que las hojas dejan caer
tras los vendavales de la decepción.
Tu cintura desarrolla letanías de un cielo desconocido
cuando mis manos encienden la hoguera.
Y campos de avena y trigo yo consigo
en tu pecho mi cabeza recostada.
Te das y te escondes,
más yo se encallar en tu puerto.
A pesar de que no me hablas
y a mis preguntas no respondes.
Tú estás aquí, con los ojos llenos de agua,
y tus manos plantarían mis anhelos lejos de aquí.
Porque yo confío,
confío en tu espíritu de tierra fértil,
en tu sencilla concepción de los tiempos que devienen.
Porque yo lo veo,
veo en cada célula tuya vibrar la risa,
un balancear de árboles perpetuo tu alma.
Tan joven y con epopeyas.
Fragancia en rebeldía despojaste tu naturaleza,
estropeaste la crisálida y salisteis a volar.
Con la premura de nubes en ascención
te lloviste muy lejos,
para germinar entre cosas ajenas y sin sentido.
¿Quieres serenidad?, cuidado,
la vida corre por cauces desvencijados,
y el desplome es otro puente herrumbroso
que has de caminar una y otra vez,
con el corazón de antemano.
Por la mañana tu rostro se ha iluminado,
acaeciendo amaneceres siderales
en el micromundo de tu habitación.
Yo sólo quiero besar tus manos,
confirmar la existencia de los dos,
salir danzando
de la extensión interminable de tus cabellos
hacia el contorno cerúleo
de tu cuerpo a contraluz, bien armado.
Mis caricias han de cultivar
de tu jardín tórrido,
las más exquisitas revelaciones florales,
que, de seguro,
nos acompañarán en la cama y en la mesa,
augurándonos que existe un futuro
si es que hay amor.
Dedicado a mi amor. Ruth.