Becqueriano
Poeta recién llegado
Expiró su último suspiro aquel Domingo,
y una palabra dolorida
llegada en ola perdida
me devolvió a la orilla de tus senos.
Allí fue donde te supliqué:
¡Amémonos! Porque tal vez mañana
no existamos; o nuestro amor de hoy
se diluya.
Amémonos de blanco purísimo
o de oro.
Como los Dioses lo hacen
o asesinando el tiempo.
Amémonos como consuelo o dicha,
con la envidia de la eternidad
que nos mira, mientras muere.
Salvándonos, en el último momento.
y una palabra dolorida
llegada en ola perdida
me devolvió a la orilla de tus senos.
Allí fue donde te supliqué:
¡Amémonos! Porque tal vez mañana
no existamos; o nuestro amor de hoy
se diluya.
Amémonos de blanco purísimo
o de oro.
Como los Dioses lo hacen
o asesinando el tiempo.
Amémonos como consuelo o dicha,
con la envidia de la eternidad
que nos mira, mientras muere.
Salvándonos, en el último momento.