Déjame que te cuente, me sentí amanecer:
al ver a las gaviotas zambullirse en los charcos,
me invadió la alegría, se disipó mi llanto
y aunque echara de menos la luz de su sonrisa
el sol, el mar, la brisa mi dicha despertaron
y supe que los días traerían consigo,
tras un tiempo de duelo, caricias a mis manos;
mas si oyeras decir que todo en mí es olvido,
amiga, no les creas, mi piel no lo ha olvidado.
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