Tu recuerdo es más dulce
que el mejor de los vinos.
Eres la amistad que asume
mi locura, que induce
los nombres más raros,
el desorden y la confianza;
Callamos. Hablamos.
Bebemos mucho.
Se plasma más el borde
de nuestros caminos,
quizá el destino habrá
de separar, algún día,
tu desenfreno de mi calma,
tal vez los lazos no se aúnen
a las plegarias, y tu falta
se vuelva tan real como
un perro que relincha al horizonte.
¿Quién cortará el cordel
de los siglos y las lunas?
Será entonces larga la dicha
y la despedida tan amarga,
tendrá la forma
de un instrumento de la muerte.
Vanos serán las lágrimas
y las dudas, vana también
la tristeza que iniciemos.
¿Qué argumento engendrará
todo lo que somos?
Abrumado, indescifrable,
expectante permanezco.
Marcharé lento por la vaga
superficie de la soledad,
diciendo todo esta bien
en un rincón, con rojas coronas,
dentro de una calle inmensa.
Mi memoria, tentando la irrealidad,
siempre habrá de crear
otro encuentro.
Íntima amiga, instruida
de todos mis secretos.
Tú, suceso impasible
y espontáneo, ministra elemental.
Algo, sin embargo, nos atará:
Un vínculo, un tiempo.
Y la distancia no hurgará
en la alegría que provocas,
ni en los momentos cogidos
del canto en el que postras
tu afecto sobre mi pecho.
Y yo descubro que soy
inseparable de tu esencia,
del abrazo, de la estima, de los besos.