Lorenzo Salamanca Garcia
Poeta fiel al portal
Desde que te conocí en una de mis vidas
he sido testigo de cómo te hacías Eterno.
Discípulo de Sócrates en el método
intentabas que todo convergiera en Cristo.
Defensor de la alegría
que da el buen vino
bebido con los amigos.
Sabiduría envuelta en papel de estraza,
referente ético para una sociedad nueva.
Nadie a tu lado se sentía pequeño.
Cronista de mil acontecimientos pasados,
el dolor acumulado
asfixió cualquier plan de futuro.
Cayó la noche:
Rumor del rio en su discurrir,
motor apagado que ya no avanza
y pies descalzos que se sumergen en las profundidades.
Muerte prematura,
vida que anida en los más próximos.
El viento susurra epitafios:
“Hoy es siempre todavía” del poeta
y “Siempre amanece” del profeta charro.
he sido testigo de cómo te hacías Eterno.
Discípulo de Sócrates en el método
intentabas que todo convergiera en Cristo.
Defensor de la alegría
que da el buen vino
bebido con los amigos.
Sabiduría envuelta en papel de estraza,
referente ético para una sociedad nueva.
Nadie a tu lado se sentía pequeño.
Cronista de mil acontecimientos pasados,
el dolor acumulado
asfixió cualquier plan de futuro.
Cayó la noche:
Rumor del rio en su discurrir,
motor apagado que ya no avanza
y pies descalzos que se sumergen en las profundidades.
Muerte prematura,
vida que anida en los más próximos.
El viento susurra epitafios:
“Hoy es siempre todavía” del poeta
y “Siempre amanece” del profeta charro.