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Hoy en lo más recóndito de mi alma,
siento la llaga que me clavaste;
con tu cruel retórica me dañaste.
Yo que creía que eras mi amigo,
me has convertido en enemigo.
¡Ay! pobre de mí,
y ¡ay! triste de ti.
Podemos herir al hablar sin respetar ante todo, y aquel que creimos amigo, nos muestra que no lo es.
Bello como lo plasmas, triste en su realidad.
Bendiciones. Pili