DEJAVU
Poeta adicto al portal
[center:1f1400f5b2]Cuando en la inmensidad del tiempo
los mustios días acechen.
Cuando el vacío momento
brinde tan solo oscuridad,
y el reloj lento ejercite su malabar
de adiposas horas saladas,
del tic-tac de matices grisáceos
que en tu corazón pintan soledad.
Cuando la Luna se esconda del Sol
y a tu playa ya no llegue el mar,
taciturnos bocados desiertos
que se mecen constantes por cientos,
y que llegan crueles a tu paladar.
Levanta tu mirada caída y rastrera
hacia la esquina fuerte de tu sociedad,
verás por montones los que han de pasar,
los verás de lejos sin querer llegar,
Y aún allí...
del carrusel de la vitalidad,
habrá alguno que elija por tu camino pasar a cantar,
habrá alguno que quiera detener su tiempo para escuchar,
y de entre las sombras de cosas inciertas
brindará un abrigo que has de recordar,
el abrigo amigo, el que no se necesita llamar,
el que solo viene cuando es real,
el que lleva en su corazón tu nombre
al lado de la palabra amistad.
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los mustios días acechen.
Cuando el vacío momento
brinde tan solo oscuridad,
y el reloj lento ejercite su malabar
de adiposas horas saladas,
del tic-tac de matices grisáceos
que en tu corazón pintan soledad.
Cuando la Luna se esconda del Sol
y a tu playa ya no llegue el mar,
taciturnos bocados desiertos
que se mecen constantes por cientos,
y que llegan crueles a tu paladar.
Levanta tu mirada caída y rastrera
hacia la esquina fuerte de tu sociedad,
verás por montones los que han de pasar,
los verás de lejos sin querer llegar,
Y aún allí...
del carrusel de la vitalidad,
habrá alguno que elija por tu camino pasar a cantar,
habrá alguno que quiera detener su tiempo para escuchar,
y de entre las sombras de cosas inciertas
brindará un abrigo que has de recordar,
el abrigo amigo, el que no se necesita llamar,
el que solo viene cuando es real,
el que lleva en su corazón tu nombre
al lado de la palabra amistad.
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