ADEXFI
Poeta adicto al portal
La niña de de los cabellos largos
(Prosa narrativa)
No sabía que iba a llegar a mi vida,era una simple reunión familiar,
en donde los visitantes se meten hasta en los cuartos,
allí donde buscaba un refugio,acompañado de un amigo,
a quien con engaños,lograba que me acompañase,echados
en la cama de mi cuarto,hasta que las aburridas visitas se marchasen.
Pero como siempre se metieron a mi cuarto junto con mi madre a conversar,
Y ya presentía que iba a ser una larga jornada familiar dentro de mi cuarto.
Entonces comenzamos mi amigo Oswaldo y yo a contar cuentos de
misterio,ignorados por las conversaciones de mi madre y sus primas.
La puerta de mi cuarto estaba abierta y toda la casa llena de gente,
no había ya ningún escape,ni refugio.
A mi hermana Elsa,mayor que yo,le iba igual,por eso invitaba a sus amigas,
y una de sus amigas llego con su hermana menor,casi de mi edad.
Apenas nos vio,a mi y a Oswaldo,se acercó a nosotros a escuchar el cuento
de misterio,que contaba mi entrañable amigo de infancia,compañero y cómplices
en esos momentos en que necesitábamos ayuda con urgencia.
Ella cogio una silla y se colocó en la cabecera de la cama,apoyándose en el respaldar
de madera con sus brazos y al rato absorta en el cuento de mi amigo,
apoyando la barbilla de su cara,en sus brazos.Decidida a escuchar
hasta el final,el relato de mi amigo,que contaba parte de un cuento que estaba
leyendo: Las aventuras de Tom Sawer.
La niña se llamaba Ana,no recuerdo el momento en que se marchó,
ni recuerdo cómo nos divertimos los tres contando cuentos.
Lo que si recuerdo con nostalgia es el día en que me perdí,
por el jirón Trujillo,cerca del Palacio de Gobierno,
buscando la dirección de su casa que ella me dejó apuntado en un pedazo de papel.
Me perdí,entre calles de la Lima antigua,callejuelas angostas y
mucha gente caminando al rededor y al final,
cansado y resignado a regresar a casa sin verla una vez más,
acabe descubriendo una pequeña Iglesia,camuflada a mitad de la cuadra ( poco usual )
me llamó la atención por su enorme portal,marrón con diseños virreinales de la vieja Lima,
quise ver lo que había adentro y oh,que maravilla una pequeña Iglesia,
con tres o cuatro,ancianas rezando en silencio.
Me senté a rezar también,porque se suponía que si entrabas a una iglesia
deberías de persignarte y rezar.
Nunca más supe de Ana,mi primer o segundo amor de niñez,no me acuerdo muy bien.
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