Pedro Darquea
Poeta asiduo al portal
La aglomeración de motores
centrifuga sin piedad el calor
de estas tardes amoníacas;
mi pecho se ahoga pero no grita,
nunca lo hace.
Avanzo gateando hasta la esquina
donde roe la hediondez de las alcantarillas
y se exhibe sin censura la idiotez de los cuerpos;
pero no soy el único testigo,
pues hay otros especímenes naufragando entre cables.
Me he sentado a la una en punto
para tragarme esta abstracta beligerancia
que todos respiramos, pero se disfraza de perfume
para camuflarse en la manada, ese ejército débil
que olvidó hace mucho tiempo el arte de plantar un sí sostenido.
centrifuga sin piedad el calor
de estas tardes amoníacas;
mi pecho se ahoga pero no grita,
nunca lo hace.
Avanzo gateando hasta la esquina
donde roe la hediondez de las alcantarillas
y se exhibe sin censura la idiotez de los cuerpos;
pero no soy el único testigo,
pues hay otros especímenes naufragando entre cables.
Me he sentado a la una en punto
para tragarme esta abstracta beligerancia
que todos respiramos, pero se disfraza de perfume
para camuflarse en la manada, ese ejército débil
que olvidó hace mucho tiempo el arte de plantar un sí sostenido.