Con tan solo dos décadas de vida,
Me he encontrado temeroso.
Pues la vida me supera.
Por más maduro que sea,
Por más fortuna que posea,
Jamás le llegare a la altura
Del hombre que debería de ser.
Del hombre que podría estar tranquilo del peligro
Una tarde de aventura se convierte en una noche de desvelo,
Una llamada telefónica contrarrestada por una carta,
Una sonrisa en mi boca se borra por la realidad.
Por la azarosa realidad.
No sé a dónde voy, no se a donde pertenezco.
No sé con quién vengo ni a quien poseo.
Ya no sé ni que añoro,
O si podre poner fin a mi desvelo.
Es hermoso soñar en el letargo de la indiferencia y la ignorancia.
Pero todo sueño termina con la realidad.
Y al momento de saber la verdad
Sobre la dudosa credibilidad de los sucesos diurnos,
El sueño comienza de nuevo.
Como un velo donde ocultarse.
Como un amparo de cobardes.
Como el lecho que anhelo.
Una cama, un objeto cualquiera.
Escenario de euforia para los apasionados,
Tortura para los desvelados.
Yo fui ambos.
Y en ninguno hay consuelo.
No hay alegría, ni tranquilidad.
Una cama quieta
O una rechinando a la par de lujuriosos.
Lo que más me inquieta,
No son los momentos bochornosos,
Es la cama del aquel que no existe salvo en mis temores.
Su presencia es un mito del que temo.
Es peor que fantasías de duendes o fantasmas.
Es peor que monstruos o impuestos.
Porque, por supuesto,
Sé que lo amaré.
Me he encontrado temeroso.
Pues la vida me supera.
Por más maduro que sea,
Por más fortuna que posea,
Jamás le llegare a la altura
Del hombre que debería de ser.
Del hombre que podría estar tranquilo del peligro
Una tarde de aventura se convierte en una noche de desvelo,
Una llamada telefónica contrarrestada por una carta,
Una sonrisa en mi boca se borra por la realidad.
Por la azarosa realidad.
No sé a dónde voy, no se a donde pertenezco.
No sé con quién vengo ni a quien poseo.
Ya no sé ni que añoro,
O si podre poner fin a mi desvelo.
Es hermoso soñar en el letargo de la indiferencia y la ignorancia.
Pero todo sueño termina con la realidad.
Y al momento de saber la verdad
Sobre la dudosa credibilidad de los sucesos diurnos,
El sueño comienza de nuevo.
Como un velo donde ocultarse.
Como un amparo de cobardes.
Como el lecho que anhelo.
Una cama, un objeto cualquiera.
Escenario de euforia para los apasionados,
Tortura para los desvelados.
Yo fui ambos.
Y en ninguno hay consuelo.
No hay alegría, ni tranquilidad.
Una cama quieta
O una rechinando a la par de lujuriosos.
Lo que más me inquieta,
No son los momentos bochornosos,
Es la cama del aquel que no existe salvo en mis temores.
Su presencia es un mito del que temo.
Es peor que fantasías de duendes o fantasmas.
Es peor que monstruos o impuestos.
Porque, por supuesto,
Sé que lo amaré.