Asklepios
Incinerando envidias
Amo la luz sin cauces
Que apenas puede ocultar su llegada
Amo a su inmadurez, que la hace más
imprevisible y osada que a cualquier otra,
a pesar de su obligada obediencia a
la rectitud, y a su negación eterna
de la curvatura.
Su presencia es siempre,
instantáneamente lejana. Provoca
una suma constante de prespectivas
que apenas tienen tiempo de confirmarse,.
dada la velocidad.
La amo, además, por su insistente
desobediencia a la todopoderosa
gravedad, a la que desprecia.
Al optar por su constancia, me hace
confiar en ella.
Nunca traiciona, y por eso la amo.
Que apenas puede ocultar su llegada
Amo a su inmadurez, que la hace más
imprevisible y osada que a cualquier otra,
a pesar de su obligada obediencia a
la rectitud, y a su negación eterna
de la curvatura.
Su presencia es siempre,
instantáneamente lejana. Provoca
una suma constante de prespectivas
que apenas tienen tiempo de confirmarse,.
dada la velocidad.
La amo, además, por su insistente
desobediencia a la todopoderosa
gravedad, a la que desprecia.
Al optar por su constancia, me hace
confiar en ella.
Nunca traiciona, y por eso la amo.