Armas
Poeta recién llegado
AMO LA NOCHE CUANDO AMANECE EL DÍA
Amo la noche cuando amanece el día
y viajo sin boleto de vuelta
a pesar de los cantos y castillos en la arena.
Y eres parte de esto, no tengas miedo,
y a pesar de que el diablo mece mi mano
para escribir sangre,
tu beso siempre será mi pairo,
mi pañuelo y mi abrigo.
Yo soy el cóndor herido,
siempre volaré de picada, hacia lo más bajo;
hacia los recovecos la negación del cavernícola;
y sin embargo, siempre volveré a la luz donde me esperas
paciente, y otras veces no tanto.
Siempre gritaré con esa voz rasposa
que sólo brota de los pulmones más envenenados,
pero también reiré con lo mundano,
y me perderé en las multitudes
que huyen con miedo hacia ningún lugar.
No soy de ellos, y tampoco quiero que sean míos.
Y cuando vuelva adolorido, más roto que antes,
atribulado por las batallas mano a mano
que encarnizo con mi alma,
volveré a tus brazos, simple, desnudo,
como siempre… tuyo.
Amo la noche cuando amanece el día
y viajo sin boleto de vuelta
a pesar de los cantos y castillos en la arena.
Y eres parte de esto, no tengas miedo,
y a pesar de que el diablo mece mi mano
para escribir sangre,
tu beso siempre será mi pairo,
mi pañuelo y mi abrigo.
Yo soy el cóndor herido,
siempre volaré de picada, hacia lo más bajo;
hacia los recovecos la negación del cavernícola;
y sin embargo, siempre volveré a la luz donde me esperas
paciente, y otras veces no tanto.
Siempre gritaré con esa voz rasposa
que sólo brota de los pulmones más envenenados,
pero también reiré con lo mundano,
y me perderé en las multitudes
que huyen con miedo hacia ningún lugar.
No soy de ellos, y tampoco quiero que sean míos.
Y cuando vuelva adolorido, más roto que antes,
atribulado por las batallas mano a mano
que encarnizo con mi alma,
volveré a tus brazos, simple, desnudo,
como siempre… tuyo.
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