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Amor 109 : Electrizante va la dama

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Electrizante va la dama con su cuerpo ardiendo
de felicidad,
esta dama tan ardiente, ondulada como las olas
y sensual figura, donde susurran los secretos,
se presenta desnuda como el viento
cuando sopla buscando sutilmente un pretendiente.

Haces de rayos son sus ojos brillantes,
eléctrica capilla de pasión encendida,
en la noche, tu llama es compartida,
tu energía vibra en los desiertos
donde la sangre arterial nos guía
en los instantes de dicha.

Rayos de deseo, luces ennegrecidas,
caracolas hipnotizadas sin conchas, ni magnetismo;
su piel, es relámpago que induce a amores desventurados,
elegidos,
que los corazones conmueven, volcanes de aguas humedecidas.

En la danza eléctrica del alba
ese amor de daga, de deseo incontenible,
se entrega sin temor,
su fuego nunca pierde fulgor,
sólo busca unirse al ser amado en un clamor de cigüeña,
con los susurros clandestinos de la luna llena.

Su piel despierta en silencio y con el aliento
en la sombra del recuerdo de sus labios de mora,
ecos de la historia que en sus venas palpita
lamento callado lleno de rosas
donde su corazón cicatriza, gozo del sediento
en un sutil desliz de charco de oro.

Palabras con dardos, nubes derramadas
llorando a cántaros.
Herida sangrante cultivada en los prados del pecado
no intentes redimirte con versos vanos, ni consueles
tu marchito corazón, con la pasión extinta de la hoguera apagada.

Entonces, dama ardiente.
No busques redención en caminos sin vino
ni cures heridas con labios fingidos.
El amor marchito no tiene granos,
solo queda susurros en el olvido
de una noche de colchones humedecidos.
 
Última edición:


Electrizante va la dama con su cuerpo ardiendo
de felicidad,
esta dama tan ardiente, ondulada como las olas
y sensual figura, donde susurran los secretos,
se presenta desnuda como el viento
cuando sopla buscando sutilmente un pretendiente.

Haces de rayos son sus ojos brillantes,
eléctrica capilla de pasión encendida,
en la noche, tu llama es compartida,
tu energía vibra en los desiertos
donde la sangre arterial nos guía
en los instantes de dicha.

Rayos de deseo, luces ennegrecidas,
caracolas hipnotizadas sin conchas, ni magnetismo;
su piel, es relámpago que induce a amores desventurados,
elegidos,
que los corazones conmueven, volcanes de aguas humedecidas.

En la danza eléctrica del alba
ese amor de daga, de deseo incontenible,
se entrega sin temor,
su fuego nunca pierde fulgor,
sólo busca unirse al ser amado en un clamor de cigüeña,
con los susurros clandestinos de la luna llena.


Su piel despierta en silencio y con el aliento
en la sombra del recuerdo de sus labios de mora,
ecos de la historia que en sus venas palpita
lamento callado lleno de rosas
donde su corazón cicatriza, gozo del sediento
en un sutil desliz de charco de oro.

Palabras con dardos, nubes derramadas
llorando a cántaros.
Herida sangrante cultivada en los prados del pecado
no intentes redimirte con versos vanos, ni consueles
tu marchito corazón, con la pasión extinta de la hoguera apagada.

Entonces, dama ardiente.
No busques redención en caminos sin vino
ni cures heridas con labios fingidos.
El amor marchito no tiene granos,
solo queda susurros en el olvido
de una noche de colchones humedecidos.
Excelentes letras.

Feliz fin de semana.
 


Electrizante va la dama con su cuerpo ardiendo
de felicidad,
esta dama tan ardiente, ondulada como las olas
y sensual figura, donde susurran los secretos,
se presenta desnuda como el viento
cuando sopla buscando sutilmente un pretendiente.

Haces de rayos son sus ojos brillantes,
eléctrica capilla de pasión encendida,
en la noche, tu llama es compartida,
tu energía vibra en los desiertos
donde la sangre arterial nos guía
en los instantes de dicha.

Rayos de deseo, luces ennegrecidas,
caracolas hipnotizadas sin conchas, ni magnetismo;
su piel, es relámpago que induce a amores desventurados,
elegidos,
que los corazones conmueven, volcanes de aguas humedecidas.

En la danza eléctrica del alba
ese amor de daga, de deseo incontenible,
se entrega sin temor,
su fuego nunca pierde fulgor,
sólo busca unirse al ser amado en un clamor de cigüeña,
con los susurros clandestinos de la luna llena.


Su piel despierta en silencio y con el aliento
en la sombra del recuerdo de sus labios de mora,
ecos de la historia que en sus venas palpita
lamento callado lleno de rosas
donde su corazón cicatriza, gozo del sediento
en un sutil desliz de charco de oro.

Palabras con dardos, nubes derramadas
llorando a cántaros.
Herida sangrante cultivada en los prados del pecado
no intentes redimirte con versos vanos, ni consueles
tu marchito corazón, con la pasión extinta de la hoguera apagada.

Entonces, dama ardiente.
No busques redención en caminos sin vino
ni cures heridas con labios fingidos.
El amor marchito no tiene granos,
solo queda susurros en el olvido
de una noche de colchones humedecidos.
Melodía perfecta.

Saludos
 
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