José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Si yo tocase tu mano
el cielo abriría su paraguas,
y dentro de ti florecieran nardos,
te construiría un palacio de violetas
en un estanque esmeralda,
entonces, tronaría el cielo y la tierra
Viviríamos en jardines de felicidad
cubiertos por la fragancia de la luna
que en su soledad nos ama,
aunque no nos lo diga.
Volaríamos viajando en bajeles de vida,
anacoreta, divisaría donde las olas
cantan con la tierra, serenatas de lirios
y sinfonías de madreselva.
¡Ay, naranjo centenario, limonero pordiosero!
¿adónde estarían los claveles de mi vida?
no verías que no están, nadie los habría sembrado,
la rocalla estaría tan contenta,
que hasta eso se le habría olvidado.
Qué bonito sería ver florecer los campos,
amarían, como aman las golondrinas sus nidos,
qué genialidad volando nos llevaría
a aquella colina donde florecería el sauce
y moriría la gaviota lejos de su amado, el mar.
Qué galantería sería vivir como las montañas
unidas protegiéndote del dolor,
y del frío de la nieve, en su morada
de invierno, y dejaría fluir los arroyos
en primavera, daría vida al valle
Qué divino sería seguir su corriente,
visitar el ancho y azulado mar,
viajar con las olas, y llamar a las ballenas,
a los saltarines delfines para que aplaudan
nuestra historia de unión fraterna.
Qué bonito sería sudar sin poros
como la toalla mojada cuando te secas,
después de una noche ardua de amor,
en el mar de tu esperanza
y la mía, en esta isla desierta,
Qué bonito sería quererte, amarte,
poseerte, oliendo a tu cuerpo y al mío,
mezclado con romero, creando un perfume
donde tú y yo, seamos el centro.
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