José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo soy montaña y tú eres el lago
¿Dónde nos acoplamos, amada mía?
si tú transcurres sobre mí,
qué puedo hacer para detenerte.
Qué corazón amigo me ayudará
a solucionar este tránsito
de peces hambrientos,
deshumanizados, perdidos;
qué flor brillará conmigo dándome abrigo.
Quién será mi espejo
y el de la abeja que feliz vuela por tu falda,
desconociendo el peligro
transportado por tu riada.
Anoche soñé contigo,
Dios fue mi testigo,
sombras de árboles lloraban por el camino,
las margaritas dormían en el prado
y tú, lago mío, ¿Dónde estabas?
te busqué y solo hallé vacío.
A pasos lentos, sin prisa,
busco el preludio de la mañana
agitando mi manto blanco,
acudo a tu encuentro.
Flor de mi mañana, quisiera decirte
que la luna llora conmigo
que mis flores mustias
han quedado sin tu armonía.
Hablé con el prado desconsolado,
me dijo que te habías ido por la ladera abajo,
sin despedirte, dejando besos amargos
y que tu amor transparente
habías dejado sobre las colinas
y el águila, había podido respirar tu halo de divinidad,
y sólo me he quedado
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