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Amor 160: Banco del acantilado

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Reliquias místicas me rodeaban
en mi soledad reflexiva,
apreciando tu belleza de luna estrellada.

Somos dos hojas de otoño cayendo juntas,
en un banco helado,
dos corazones latiendo en la cañada de la vida,
empapándonos de este cielo que nos contempla.

Banco del acantilado
aquel lugar en el que fuiste mía
viendo la luna dormida en aquel mar de plata
donde sentí tu desnudez
y mis manos se llenaron de magnolias.

Mar salada en cresta de ola,
allí enraizó tu cuerpo de azul cielo
con el mío,
rayo trémulo de las galaxias del universo.

En aquel lugar
se rompieron nuestras venas contra las rocas,
el tallo tierno de brote adolescente
con sus fantasías de algas de noche
de dos debutantes, con sus recuerdos
y tus muslos acariciados por la espuma.
 
Última edición:


Reliquias místicas me rodeaban
en mi soledad reflexiva,
apreciando tu belleza de luna estrellada.

Somos dos hojas de otoño cayendo juntas,
en un banco helado,
dos corazones latiendo en la cañada de la vida,
empapándonos de este cielo que nos contempla.

Banco del acantilado
aquel lugar en el que fuiste mía
viendo la luna dormida en aquel mar de plata
donde sentí tu desnudez
y mis manos se llenaron de magnolias.

Mar salada en cresta de ola,
allí enraizó tu cuerpo de azul cielo
con el mío,
rayo trémulo de las galaxias del universo.

En aquel lugar
se rompieron nuestras venas contra las rocas,
el tallo tierno de brote adolescente
con sus fantasías de algas de noche
de dos debutantes, con sus recuerdos
y tus muslos acariciados por la espuma.
Hermosas imágenes las que recogen tus versos. Un placer recorrer tus estrofas. Un cordial abrazo.
 


Reliquias místicas me rodeaban
en mi soledad reflexiva,
apreciando tu belleza de luna estrellada.

Somos dos hojas de otoño cayendo juntas,
en un banco helado,
dos corazones latiendo en la cañada de la vida,
empapándonos de este cielo que nos contempla.

Banco del acantilado
aquel lugar en el que fuiste mía
viendo la luna dormida en aquel mar de plata
donde sentí tu desnudez
y mis manos se llenaron de magnolias.

Mar salada en cresta de ola,
allí enraizó tu cuerpo de azul cielo
con el mío,
rayo trémulo de las galaxias del universo.

En aquel lugar
se rompieron nuestras venas contra las rocas,
el tallo tierno de brote adolescente
con sus fantasías de algas de noche
de dos debutantes, con sus recuerdos
y tus muslos acariciados por la espuma.

Es un poema con una interesante historia y con imágenes muy claras, muy vívidas.
Fue un gusto leerte esta mañana, José.
Muy feliz martes.
 


Reliquias místicas me rodeaban
en mi soledad reflexiva,
apreciando tu belleza de luna estrellada.

Somos dos hojas de otoño cayendo juntas,
en un banco helado,
dos corazones latiendo en la cañada de la vida,
empapándonos de este cielo que nos contempla.

Banco del acantilado
aquel lugar en el que fuiste mía
viendo la luna dormida en aquel mar de plata
donde sentí tu desnudez
y mis manos se llenaron de magnolias.

Mar salada en cresta de ola,
allí enraizó tu cuerpo de azul cielo
con el mío,
rayo trémulo de las galaxias del universo.

En aquel lugar
se rompieron nuestras venas contra las rocas,
el tallo tierno de brote adolescente
con sus fantasías de algas de noche
de dos debutantes, con sus recuerdos
y tus muslos acariciados por la espuma.

Muchas gracias Cecilya por pasarte por mis letras. Sabes que aprecio mucho tu opinión. Un abrazo con la pluma del alma. Buen día
 
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