José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el vasto mundo del amor
sin rastro del elixir de la pasión,
surgiste tú, en carretas,
con corceles blancos,
dando fulgor a la delicada flor de mi piel.
Días grises y lluvias, tristeza sutil,
se tornan en maná.
Mi ser desviado como lluvia torrencial
hacia la fraternidad, el ansiado calor
de tus palabras llenas de candor
me llevan por caminos de bondad
hacedoras del cambio emocional
que experimentó mi fulgente soledad.
Rayos espeluznantes desbordaron
mi delirio, cascadas donde nacen los sueños sin fin,
fantasías que alegran mi anhelada dicha
perfumes abrazándome con su fragancia estival
salientes de una raíz de inspiración infinita.
Tiempo desbordado, buscándote,
mi corazón acelerado, latiendo por ti.
despertar a la luminosidad de la aurora boreal
desde el vacío de la oscuridad.
Sentimientos encerrados en mi pecho
de felicidad, de querer que se detenga el reloj,
que nos quedemos como estatuas contemplándonos
ciegos y locos de ese aroma que lo impregnaba todo de ti.
Tras la niebla, infortunio cruel,
sale el sol, los rayos eran mis venas
circulando en tu interior, mi anhelo, mi flor,
bendita ilusión que me traslada al santuario de
tu cuerpo.
Como las águilas vuelan, en busca de la presa,
así surco yo los aires, ¡oh, pétalo radiante!
y con una estúpida sonrisa, cuando se apaga el sol,
me voy a la cama a soñarte flor de mi pasión.
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