José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajo cada tronco,
las raíces ahogan la luz que no llega,
pero en medio del caos, tu amor despierta,
como faro que nunca niega.
Ven a mí, refugio de sueño cautivo,
mi corazón arde en llamas calladas,
las hojas respiran mi aliento sin poder escapar de tu suelo,
como un río perdido entre aguas de celo inminente.
La noche firme guarda nuestro encuentro,
y los astros brillan a cielo abierto,
siendo tierra y fuego, carne y suspiro,
despertar de tormentas, ungüento de dioses.
Calor de fragua abraza tu esencia,
mas recuerda que aquí, en mi piel,
mi canto vive de la brasa que agiliza
el grito donde duerme la noche.
En cima alta las nubes lloran,
la luz se despide,
y en cada suspiro, el alma se cierra
en senderos de canto milagroso.
Sobre tu vaguada, el viento se quiebra,
como un río oscuro que conduce su cauce,
y las sombras danzan en una niebla,
donde el tiempo se detiene.
Eres guardiana de penas calladas,
de secretos que nadie se atreve a contar.
Así en tu caricia alada, hallo la verdad,
dolor profundo de belleza escondida,
silencio eterno, serenidad,
una montaña celestial caminando hacia la vida.