José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando me levanto y al balcón asomo
te veo reflejada en el espejo
de bellezas divinas
antes de que el sol te haga visita.
En ese instante, mi amor va de paseo
se difumina por la habitación, como un fantasma,
su antorcha de amor me abandona,
como se abandonan los muebles viejos
de una casa en ruinas.
Me convierto en soledad, disipado,
como el libertino tahúr juega a las cartas
en un local donde el humo es el rey
y la tenue luz la princesa.
Musgo helado sobre mi cabeza,
lodazal en el sendero de mis horas,
hasta que llegas de nuevo
con alma de felicidad henchida,
volviendo a girar la vida.
Donde había fantasmas, ahora hay risa,
donde había silencio, algarabía.
donde la luna duerme, el sol baila sus melodías
donde la desidia, ahora alegría
de recorrer el camino del arroyo
que nos guía con su corriente continua.
Quiero ser eternidad divina.