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Amor 59 : El sol quiere amarte

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Mira el sol te está mirando
quiere abrazarte con su fulgor,
cubrirte con su manto de rayos de oro
ser quien te acaricia los hombros.

Ser tu dios en el universo,
devorarte en instantes fugaces
sobre los que se detenga el reloj
de tu tiempo, en tu corazón,
inmortalizando ese momento en un
manantial de profundas emociones.

Es la caricia hecha lentitud,
el túnel de la dicha sobre el
que brilla la oscuridad y se oscurece el rayo;
divinidad mágica para ambos.

Es tu fuego, arde en tu interior,
hierve tu sangre como un dios
y tú, delirando de pasión fluyes
como el aceite sobre tu piel.

En su abrazo, él abraza todas las rosas,
todas las flores se abren, es una locura
un espasmo sediento de órdago, una locura
y más locura, caracoles corriendo.

Gemidos silenciosos, zumos deshechos,
mil cuerdas envolviéndonos, sudor y saliva,
estupor y placer, delirio mortal, cansancio
inadvertido, entrega infinita, fiebre
en una noche bendita.

Rayos derritiéndose, como los cometas
en atmósfera ardiente, almejas abriéndose
en el hervor del fuego, un corazón asfixiado
de correr tanto.
 
Última edición:


Mira el sol te está mirando
quiere abrazarte con su fulgor,
cubrirte con su manto de rayos de oro
ser quien te acaricia los hombros.

Ser tu dios en el universo,
devorarte en instantes fugaces
sobre los que se detenga el reloj
de tu tiempo, en tu corazón,
inmortalizando ese momento en un
manantial de profundas emociones.

Es la caricia hecha lentitud,
el túnel de la dicha sobre el
que brilla la oscuridad y se oscurece el rayo;
divinidad mágica para ambos.

Es tu fuego, arde en tu interior,
hierve tu sangre como un dios
y tú, delirando de pasión fluyes
como el aceite sobre tu piel.

En su abrazo, él abraza todas las rosas,
todas las flores se abren, es una locura
un espasmo sediento de órdago, una locura
y más locura, caracoles corriendo.

Gemidos silenciosos, zumos deshechos,
mil cuerdas envolviéndonos, sudor y saliva,
estupor y placer, delirio mortal, cansancio
inadvertido, entrega infinita, fiebre
en una noche bendita.

Rayos derritiéndose, como los cometas
en atmósfera ardiente, almejas abriéndose
en el hervor del fuego, un corazón asfixiado
de correr tanto.
Asfixiado pero enamorado.
Letras conmovedoras.

Un abrazo fuerte.
 


Mira el sol te está mirando
quiere abrazarte con su fulgor,
cubrirte con su manto de rayos de oro
ser quien te acaricia los hombros.

Ser tu dios en el universo,
devorarte en instantes fugaces
sobre los que se detenga el reloj
de tu tiempo, en tu corazón,
inmortalizando ese momento en un
manantial de profundas emociones.

Es la caricia hecha lentitud,
el túnel de la dicha sobre el
que brilla la oscuridad y se oscurece el rayo;
divinidad mágica para ambos.

Es tu fuego, arde en tu interior,
hierve tu sangre como un dios
y tú, delirando de pasión fluyes
como el aceite sobre tu piel.

En su abrazo, él abraza todas las rosas,
todas las flores se abren, es una locura
un espasmo sediento de órdago, una locura
y más locura, caracoles corriendo.

Gemidos silenciosos, zumos deshechos,
mil cuerdas envolviéndonos, sudor y saliva,
estupor y placer, delirio mortal, cansancio
inadvertido, entrega infinita, fiebre
en una noche bendita.

Rayos derritiéndose, como los cometas
en atmósfera ardiente, almejas abriéndose
en el hervor del fuego, un corazón asfixiado
de correr tanto.

Un gran amor sin dudas se tiene que parecer al sol. Sin la fuerza del sol, incluso como metáfora de poder y luz, no hay amores posibles.
Este es un poema muy bueno, José. Fue todo un gusto encontrarlo esta tarde.
Un abrazo.
 
Un gran amor sin dudas se tiene que parecer al sol. Sin la fuerza del sol, incluso como metáfora de poder y luz, no hay amores posibles.
Este es un poema muy bueno, José. Fue todo un gusto encontrarlo esta tarde.
Un abrazo.
Muchas gracias por tu estimado comentario Cecilya. Me encanta que una poeta como tú le gusten mis letras. Un abrazo con la pluma del alma. Buen día
 


Mira el sol te está mirando
quiere abrazarte con su fulgor,
cubrirte con su manto de rayos de oro
ser quien te acaricia los hombros.

Ser tu dios en el universo,
devorarte en instantes fugaces
sobre los que se detenga el reloj
de tu tiempo, en tu corazón,
inmortalizando ese momento en un
manantial de profundas emociones.

Es la caricia hecha lentitud,
el túnel de la dicha sobre el
que brilla la oscuridad y se oscurece el rayo;
divinidad mágica para ambos.

Es tu fuego, arde en tu interior,
hierve tu sangre como un dios
y tú, delirando de pasión fluyes
como el aceite sobre tu piel.

En su abrazo, él abraza todas las rosas,
todas las flores se abren, es una locura
un espasmo sediento de órdago, una locura
y más locura, caracoles corriendo.

Gemidos silenciosos, zumos deshechos,
mil cuerdas envolviéndonos, sudor y saliva,
estupor y placer, delirio mortal, cansancio
inadvertido, entrega infinita, fiebre
en una noche bendita.

Rayos derritiéndose, como los cometas
en atmósfera ardiente, almejas abriéndose
en el hervor del fuego, un corazón asfixiado
de correr tanto.
Muchas gracias por darle me gusta luna roja. Un abrazo con la pluma del alma
 
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