José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Viendo la llama de tu cuerpo
entre las sábanas, tú palpitar sereno,
soy vagón de tren circulando
por el vergel de tu semillero.
Paraíso soterrado, abandonado
de la hedonía, tal vez desecho de la apatía,
mustio, agonizante como un cervatillo herido.
Reclamo mi parte del pastel,
endulzando tu carácter, con almíbar
y mermelada de melocotón
como las rosas que florecen encima de tu vientre.
Mujer triste, inquieta , con aire insigne,
quizás como el rayo debes retar a tu naturaleza,
clamando al cielo que dejes de ser pureza
y te conviertas en fuego.
Fuego, ascua, ceniza, crepitar de huesos,
manos alargadas, sabuesos dentro,
soy cobra que besa con lengua viperina
bordeando las cimas de tu valle fecundo.
Mujer, conmuévete, que tú sangre fluya
como acequia con motor potente,
bombeando tú débil cuerpo de manzana tierna;
cielos rosa se abrirán, componiendo
un lienzo de estallidos de fresa.
Anacoreta de la vida soy,
quiero tu simiente en la mía,
capullo de rosas abierto será el manjar
de tus deseos, falacia de tu perdición,
perdición de tus sueños en los míos, cielo mío.