José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quiero conmover al aire, sentirme un libertino,
añorar a mi amada, sin pensar en la mañana;
camino por la calle, me dirijo a tu morada
como las nubes buscando la borrasca.
Las gaviotas me vigilan y los rayos solares me protegen
de las radiaciones que proyectas en mi
cuando me contemplas, callada, taciturna, tan dulce
como la miel que las abejas producen
en familia, en su colmena.
De esta mañana calma, que enciende mi corazón
aunque esté zozobrando el aura de tu mirada,
el umbral de mi sed se aplaca cuando preguntas
y las palomas te llevan el mensaje a tu cama.
¡Qué ha llegado tu amado!, el deseado,
con ansias lo esperas, como los rosales
esperan la primavera,
ilumina tu cara ese manto de violetas
que se han erguido al ver tu alma tan elevada
como el pico de la lejana sierra.
Tus ojos centellean, como los luceros
en la madrugada, cuando los murciélagos
juegan y anidan sus amores, en las oscuras cuevas.
Tu corazón palpita como el estrés en la oficina
donde escondes tus cartas de amor, tus deseos
más egocéntricos, esos que te llevan por senderos
prohibidos cuando ves a tu amor tan cerca.