MiguelEsteban
ÚNICO
Vamos y nos vamos,
por calles empedradas
y despobladas,
el poblado rural
más medieval y agrónomo
aparece despoblado,
los árboles
como encinas, carrascas,
olivos centenarios e incluso vides
sin arrancar ni podar
adueñan y son dueños de los solares,
los pinos envuelven de sombra siniestra,
romeros crecen en los lindes,
las ramblas arden en fósiles
por tanta erosión de lluvias y tormentas,
espartos y juncos se adueñan de aquello,
las casas viejas son habitadas por lechuzas,
los olivos por mochuelos,
los pinos y encinas por cuervos
que buscan frutos para esconder
y almacenar,
erizos comunes habitan los pinares
y la grama
comiendo caracoles e insectos
hasta su hartazgo desde que llega el verano,
ratones de campo y topillos son el papeo
de cada cernícalo vulgar y rapaz,
murciélagos tienen comuna
en aquellos caserones de piedra
donde la navaja dorada del sol esculpe su albor,
casas cuevas deshabitadas
que eran las casas de los más pobres
de aquel poblado siguen sin hundirse
en los medio montes de las cercanías
en aquella vida campesina
uno se acostaba con la la luna
y despertaba con el sol para trabajar
la naturaleza dueña de aquel campo y paraje
se apoderó de cada centímetro cuadrado,
grama, manzanilla gorda, amapolas
crecían por las callejuelas llegadas las lluvias,
más aún quedan los resquicios de aquél álamo
de siglos desde los romanos que partió un rayo,
en los alrededores hay flores por doquier
en los valles de los montes,
las procesionarias de los pinos iban en procesión
a atacar los pinos
había lagartos ozelados.
arañas lobo grandes como mi mano abierta.
alacranes, escolopendras y culebrillas ciegas,
los oásis de gallipatos, ranas, sapos...
eran aquellos manantiales
que venían de las entrañas de la tierra,
todo es y era vida.
Mas los salicornios rodaban en verano,
como todo ser humano,
el viento se llevó.
El Castellano y Lhiannan Shee