ElOlvidado
Poeta recién llegado
Me dijiste adiós.
Pero fue un adiós de arena y de ceniza.
Abandonaste mis pétalos ardientes,
y al retornar a mí,
te desnudaste como un árbol en octubre,
iluminada, bajo la noche solitaria.
Eras un breve zumbido del recuerdo,
un leve trinar desalentado.
Tu ropa era de carne y de húmedos rincones;
estaba deshilachada, como nuestras vidas.
Una vez más, el fuego me abrasó el pecho,
se calcinó mi memoria,
y como no, también ardieron
mis caderas resignadas.
Te quemé la espalda con mis manos,
y entre cenizas, te volviste a despedir...
No hubo ni rastro del amor.
ElOlvidado
Pero fue un adiós de arena y de ceniza.
Abandonaste mis pétalos ardientes,
y al retornar a mí,
te desnudaste como un árbol en octubre,
iluminada, bajo la noche solitaria.
Eras un breve zumbido del recuerdo,
un leve trinar desalentado.
Tu ropa era de carne y de húmedos rincones;
estaba deshilachada, como nuestras vidas.
Una vez más, el fuego me abrasó el pecho,
se calcinó mi memoria,
y como no, también ardieron
mis caderas resignadas.
Te quemé la espalda con mis manos,
y entre cenizas, te volviste a despedir...
No hubo ni rastro del amor.
ElOlvidado