Esclavo de una pasión que te consume
rompes cualquier regla ya inútil
y dejas de lado quién más te necesita.
Te da igual que el humo que tú fumas me carcome,
la sospecha se hace realidad y lo único útil
es dejar morir la esperanza proscrita.
Sin saber qué situación sería más dolorosa,
si decaer entre lágrimas y morir de golpe
o soportar, tragar saliva y morir lentamente;
aquí estaré esperando de amor anhelosa,
pensando que tal vez no hagas saltar el resorte
que mantiene sujeto a ti mi afecto ardiente.
Pero he de decirte que una cosa sí que haré:
No volveré a abrir la oscura y profanada puerta
en la que escondes tu tesoro tan apreciado.
Dejaré que goces de él mientras yo pierda mi fe:
La decadencia es inminente y pronto será muerta.
Y para que no los veas, cerraré mis ojos decepcionados.
Y sufriré en silencio, como siempre ha sido,
mientras tu ignorancia e indiferencia
mortifiquen como verdugos crueles a mi dolor.
Pero no te preocupes, pues ese es mi merecido,
por ser necia y estúpida al creer en tu inocencia,
y por estar ciega ante la ceguera que presta el amor.
Pues el amor no te da las fuerzas necesarias
para combatir y recuperarte de un dolor…
Lo único que hace sin plegarias,
es cegarte para no ver con qué te destrozan el interior.
rompes cualquier regla ya inútil
y dejas de lado quién más te necesita.
Te da igual que el humo que tú fumas me carcome,
la sospecha se hace realidad y lo único útil
es dejar morir la esperanza proscrita.
Sin saber qué situación sería más dolorosa,
si decaer entre lágrimas y morir de golpe
o soportar, tragar saliva y morir lentamente;
aquí estaré esperando de amor anhelosa,
pensando que tal vez no hagas saltar el resorte
que mantiene sujeto a ti mi afecto ardiente.
Pero he de decirte que una cosa sí que haré:
No volveré a abrir la oscura y profanada puerta
en la que escondes tu tesoro tan apreciado.
Dejaré que goces de él mientras yo pierda mi fe:
La decadencia es inminente y pronto será muerta.
Y para que no los veas, cerraré mis ojos decepcionados.
Y sufriré en silencio, como siempre ha sido,
mientras tu ignorancia e indiferencia
mortifiquen como verdugos crueles a mi dolor.
Pero no te preocupes, pues ese es mi merecido,
por ser necia y estúpida al creer en tu inocencia,
y por estar ciega ante la ceguera que presta el amor.
Pues el amor no te da las fuerzas necesarias
para combatir y recuperarte de un dolor…
Lo único que hace sin plegarias,
es cegarte para no ver con qué te destrozan el interior.