Cris Cam
Poeta adicto al portal
Amor ciego
Porque insisto en quemarme,
una y otra vez, de amores sin retorno,
es que tengo el premio de esta soledad.
Deslumbrarme de los ojos verdes de Marta,
que arrastraba todo su cuerpo mórbido,
entre los mosaicos de la sala
y el hueco de su pulmotor.
Sabía de lo imposible.
Pero igual probé el dulce de su boca,
que era lo único que me podía dar.
Deslumbrarme de la energía de Mari,
que transportaba su cuerpo de fuego,
entre mis silencios de respeto
y sus aventuras de viento.
Supe de las promesas rotas.
Pero le perdoné cada noche de traición,
y fue mi único vientre.
Deslumbrarme de la dulzura de Camila,
que lleva mis genes y mi apellido,
entre mi esperanzas vanas
y su afirmación de olvido.
Escuché las palabras amargas.
Pero moriré amándola,
simplemente porque es mi hija.
Deslumbrarme de la poesía de Cristina,
que no sé si es tan ingenua como yo la imagino,
entre su imagen de inocencia
y mis historias de derrotas.
Nunca le escuché un epíteto de amor.
Pero seguimos jugando un amor de papel,
por no poder arrancarla de mis versos.
No conozco la palabra olvido.
Amo a una sin desterrar a la otra.
Tanto deslumbrarme,
que me estoy quedando ciego.
Porque insisto en quemarme,
una y otra vez, de amores sin retorno,
es que tengo el premio de esta soledad.
Deslumbrarme de los ojos verdes de Marta,
que arrastraba todo su cuerpo mórbido,
entre los mosaicos de la sala
y el hueco de su pulmotor.
Sabía de lo imposible.
Pero igual probé el dulce de su boca,
que era lo único que me podía dar.
Deslumbrarme de la energía de Mari,
que transportaba su cuerpo de fuego,
entre mis silencios de respeto
y sus aventuras de viento.
Supe de las promesas rotas.
Pero le perdoné cada noche de traición,
y fue mi único vientre.
Deslumbrarme de la dulzura de Camila,
que lleva mis genes y mi apellido,
entre mi esperanzas vanas
y su afirmación de olvido.
Escuché las palabras amargas.
Pero moriré amándola,
simplemente porque es mi hija.
Deslumbrarme de la poesía de Cristina,
que no sé si es tan ingenua como yo la imagino,
entre su imagen de inocencia
y mis historias de derrotas.
Nunca le escuché un epíteto de amor.
Pero seguimos jugando un amor de papel,
por no poder arrancarla de mis versos.
No conozco la palabra olvido.
Amo a una sin desterrar a la otra.
Tanto deslumbrarme,
que me estoy quedando ciego.