chc
Christian
Con tu ritual de ir y venir
del afuera a la mesa,
de la mesa a mis brazos
y de mis brazos
otra vez al afuera,
ocasionalmente olvidás
que después del amor
-con ese de sexo-
existe un percance más útil
que el brindis mudo y generoso
de tu mano y de la mía.
Y no es precisamente censura,
a tu postrera premura,
sino deseo
-con ene de necesario-
de quedarme tendido
como una prenda mojada,
a orillas de tu sol,
a expensas de tu brisa
que pasa y no me lleva.
Es justamente atinado
ese tropiezo sin palabras,
o con palabras espontáneas
que conducen responsable
y seguramente,
al inequívoco momento
en donde lo anterior
cobra sentido.
Porque,
tu pecho es una locura,
pero tus ojos son su descaro,
tus piernas una acrobacia
pero tu mirada, su destreza.
Y quizá sea por esto
que después del amor
-con ese-
también quiera tu sexo
-con a-
de amor.
del afuera a la mesa,
de la mesa a mis brazos
y de mis brazos
otra vez al afuera,
ocasionalmente olvidás
que después del amor
-con ese de sexo-
existe un percance más útil
que el brindis mudo y generoso
de tu mano y de la mía.
Y no es precisamente censura,
a tu postrera premura,
sino deseo
-con ene de necesario-
de quedarme tendido
como una prenda mojada,
a orillas de tu sol,
a expensas de tu brisa
que pasa y no me lleva.
Es justamente atinado
ese tropiezo sin palabras,
o con palabras espontáneas
que conducen responsable
y seguramente,
al inequívoco momento
en donde lo anterior
cobra sentido.
Porque,
tu pecho es una locura,
pero tus ojos son su descaro,
tus piernas una acrobacia
pero tu mirada, su destreza.
Y quizá sea por esto
que después del amor
-con ese-
también quiera tu sexo
-con a-
de amor.
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