Voces que se juntan desde la dispersión espacial y geográfica de las almas. Ballenas empequeñecidas en el grandilocuente océano. Enorme este simple verso que me habla de la locura del espejo transformando a quien en él se ve, capaz de mostrar incluso a otra persona que se halle distante. Que nos transforma en pirámides de nosotros mismos con un enorme pecho en su parte central y un cerebro que es incapaz de dominar aquél por su minúscula comparación con el que late. El espejo nos hace esclavos de ese reflejo donde se llega a percibir el silencio y el lenguaje de una persona deseada. Y nos viste, nos muestra como una redención de nuestra pena en ocasiones. Un subterfugio de una traqueotomía que facilita la canalización del nuevo oxígeno hasta los mismos pulmones, aún no cansados de respirar. Una vida en otra vida. Una poesía en otra poesía, casi. Una imagen de quien se mira, otro yo, otro él o ella.
pirámides en el espejo que nos viste mientras tiembla
Ecos por aquí de aquellos versos sin cicatrizar al otro lado del espejo, donde la espina del narval, su boca en punta demuestra la capacidad de herirse a si mismo/a. O de agredir al frente.
Es un lenguaje sumamente simbólico y condensado, parco en verbos, suficiente para dar las pautas de la poesía como lo haría para la prosa el microrrelato.
Me encantan sus imágenes. Esta vez, de manera afanosa, llegan hasta mí. Como espero hayan llegado a la punta del mar donde la ballena resopla por sobre la cordillera del mar su haz de anhídrido carbónico, tras espirar.
Abrazos y rep. para tu estilo surreal de entender el cosmos en que vives.