Pablo Martínez Alonso
Poeta asiduo al portal
Amar fue su pecado,
tentación fue llamado,
lágrimas fluyen por su rostro,
desesperanza invade su alma
desesperanza que drena su amor.
Un monje oculto en la multitud,
las palabras no salen,
una sóla exclamasión la habría salvado,
miedo impera en su corazón,
miedo más fuerte que su amor.
Dios es la excusa,
Dios es la salvación,
hoguera el castigo
y todos aclaman,
¡muerte a la bruja!
El día llegó,
el juicio continuó,
en aceite se unjió...
Y en el fuego ardió.
Perfumado el aire está,
piel y pelo adolescente,
un amor inocente
entre llamas se incineran.
Un amor de infancia fue su culpa,
un amor acomplejado tomó los hábitos,
un amor que este mundo no entendía,
por por amar de bruja la acusarían.
- Pablo Martínez Alonso -
tentación fue llamado,
lágrimas fluyen por su rostro,
desesperanza invade su alma
desesperanza que drena su amor.
Un monje oculto en la multitud,
las palabras no salen,
una sóla exclamasión la habría salvado,
miedo impera en su corazón,
miedo más fuerte que su amor.
Dios es la excusa,
Dios es la salvación,
hoguera el castigo
y todos aclaman,
¡muerte a la bruja!
El día llegó,
el juicio continuó,
en aceite se unjió...
Y en el fuego ardió.
Perfumado el aire está,
piel y pelo adolescente,
un amor inocente
entre llamas se incineran.
Un amor de infancia fue su culpa,
un amor acomplejado tomó los hábitos,
un amor que este mundo no entendía,
por por amar de bruja la acusarían.
- Pablo Martínez Alonso -