Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
En el camino queda la huella, profunda
del andar lento y a tropiezos .
Si no fuera por esto o aquello, siempre
Se nos va la vida por la ladera del cerro.
¿Cuántas veces estos campos vieron
nuestros besos?, si fingía el sol a veces que
no te veía , porque brillabas sola, en la
mañana mía.
Yo te veía venir y el estero no era capaz
de esconder con su ruido este corazón que se desbordaba en
el pecho.
Ni el viento disimular el suspiro, cuando
adivinaba tu beso.
De dos en dos los trinos de los
pájaros que despiertan contigo
como dos tus trenzas
de oro, cereza en la boca
agua fresca de noria en los labios.
Como si en el cántaro que portas
llevarás mi vida
me temblaba el alma y la hombría al
verte bajar por la colina.
Yo junto al estero disimulando, que no
te veía
si te había visto de lejos y te
había dibujado antes que eso.
Que romancera esta brisa de tantas mañanas,
Tu venias y el corazón me golpeaba en el pecho
Que estabas cerca y yo disimulando que no
Te veía.
Ahí , paloma, la cosecha ya se fue con el
verano y tu te fuiste con ella, solo
quedaron espigas secas y un par de
vigas de amor.
Que quisieron levantarse, pero
Solo quedo el armazón.
El estero a crecido con el otoño tanto como
yo en olvido.
Yo disimulando que no te veía y me acusaste de
Falto de atención.
Si supieras que para ti solo vivía, que mis noches
Eran tuyas y que antes que asomaras por la colina
Ya te había dibujado con lo que tenía a la mano,
de jazmines y
azucenas, de trigales al sol, de leche fresca
Y de trinos de la alborada.
Yo le abría la puerta al alba, para no perderme
un paso de los tuyos.
Falto de atención y desatento, no.
Así somos
los que queremos en el campo, creemos
que con unos harapos y un sombrero podemos
pararnos a disimular las pobrezas.
Como te miraba de lejos como lo poco
Que tengo, si hubieses visto lo que llevaba
Por dentro.
Qué bien me sentía desnudo junto a ti , así
no me faltaba nada, solo tu piel , la mía
y el sol y los grillos que me despertaban
cuando me quedaba perdido en tu seno.
Tu me bordabas la vida con tus dedos en el pelo.
Nada más existía, ese prado, nuestro amor , el estero
junto al cerro.
Un nuevo trigal de verano una
nueva cosecha.
Te busque entre los obreros, solo el oro podía
brillar más que tu pelo y no
supe nada de tus trenzas.
En fin yo te quiero, si te quiero
y si acaso vienes
el otro verano, yo estaré
junto al río y si te veo haré
como que no te miro.
Yo te quiero, aunque no tenga zapatos y
vista estos harapos,
en medio del canto de los grillos
al atardecer ,
solo me basta tu piel.