Gabriela Ramos Martell
Poeta recién llegado
Ojos de caramelo se pasearon en mi pelo,
Tus manos se posaron en mi anhelo,
Tus palabras, delicado terciopelo,
Dulces caricias durante el despojo de mi velo.
Tus manos se posaron en mi anhelo,
Tus palabras, delicado terciopelo,
Dulces caricias durante el despojo de mi velo.
Y tus labios se hicieron azúcar sobre mi piel,
Endulzaste cada rincón de mi alma,
Me envolviste en palabras de miel,
En tus manos me sentí tu Dama.
Endulzaste cada rincón de mi alma,
Me envolviste en palabras de miel,
En tus manos me sentí tu Dama.
Poco a poco los besos se hicieron cielo,
Y tu mirada anheló más que eso,
¿Para qué el cielo si puedes ser dueño del universo?
No vacilaste en descender hasta mi pecho,
Y tu mirada anheló más que eso,
¿Para qué el cielo si puedes ser dueño del universo?
No vacilaste en descender hasta mi pecho,
Como puerta mágica, abriste y entraste en mi cuerpo,
Leve inocencia corrupta,
Del arte de amar sabes muchos secretos,
Me los mostraste de manera nada abrupta.
Leve inocencia corrupta,
Del arte de amar sabes muchos secretos,
Me los mostraste de manera nada abrupta.
Me hiciste dueña de lo que no se ve pero se siente,
Te apropiaste de mi buena suerte,
No hay palabras para tanto amor,
Pero en nueve meses,
Tendremos quién lo represente.
Te apropiaste de mi buena suerte,
No hay palabras para tanto amor,
Pero en nueve meses,
Tendremos quién lo represente.
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